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Jr. Estados Unidos 838. Jesús María.
Lima, Perú.

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Desde la explanada de Tor Vergata, en Roma, el Jubileo de los Jóvenes concluyó con una intensa jornada de fe, comunión y esperanza. Pero entre los miles de rostros, uno hablaba por muchos: el del padre Jesús Colquepisco, sacerdote de la Prelatura de Yauyos, Cañete y Huarochirí (Perú), quien viajó junto a un grupo de jóvenes para encontrarse con el Santo Padre en esta cita mundial.

Nos hemos sentido un poco como en casa”, expresó el sacerdote con emoción, “no solo por encontrar a muchos peregrinos peruanos y latinoamericanos, sino también por celebrar junto al Papa León, que es peruano”. Sus palabras resumen lo vivido por muchos jóvenes que, tras largos recorridos y grandes sacrificios, llegaron a Roma para compartir su fe en el marco del Año Jubilar.

Llevar al mundo un mensaje de esperanza

Durante la homilía de la Misa conclusiva, celebrada por el Papa León XIV, el Pontífice alentó a los jóvenes a llevar al mundo un mensaje de esperanza, siendo “sal de la tierra y luz del mundo”. Un mensaje que resonó profundamente en los corazones presentes. Para el padre Jesús, estas palabras no se quedan en un buen deseo: “El Papa nos ha animado a caminar con Cristo y a dejar que Él entre en nuestras vidas. Ahí donde estamos—en el deporte, en la música, en las redes—podemos vivir nuestra fe. Somos todos misioneros”.

Este espíritu de misión y alegría fue compartido también por los propios jóvenes. Carola Andrea, una joven peruana que participó en la vigilia del día anterior, comentó: “La adoración Eucarística me movió el corazón. Vi la fe de tantos jóvenes… no importa el cansancio, lo importante es seguir a Cristo”.

Desde Bolivia, el padre Fernando Busto (Cochabamba) subrayó que ser sal y luz empieza desde lo sencillo, desde las relaciones cotidianas. Y Nedeli Castellón, también boliviana, recordó que “como jóvenes tenemos la responsabilidad de compartir este mensaje de esperanza” que el Papa les ha confiado, mirando ya hacia la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Corea, en 2027.

Pero la experiencia vivida en Roma queda marcada en los testimonios como el del padre Jesús, que se convirtió en voz de una generación que no quiere ser indiferente. “Muchos jóvenes han sido valientes para estar aquí. Y lo han hecho con alegría, con fe. Esta es la Iglesia joven que camina con esperanza”.



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