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Confinados con los que más queremos en casa enfrentamos la guerra contra el coronavirus. Muchos viven con temor en el encierro, pero para aquellos que se sienten libres, aun encerrados el amor lo puede todo.

Esta mañana Lorena, madre de tres hijos, no salió al parque a dar unas vueltas en busca de la calma. Tampoco fue de compras. Sus miradas se quedaron en casa. Las últimas medidas de emergencia sanitaria restringieron aún más el aislamiento social en su país. Sin embargo, su corazón vibró al ver a su pequeña alistar la mesa para el desayuno. En medio de esta guerra contra el COVID-19 ¿Pueden los niños y adolescentes incorporar en la familia nuevas fortalezas?.

¡Son unos campeones! Alzó su voz la joven madre al dirigirse al primero de sus dos hijos varones, un joven adolescente quien le decía: ¡Tú tranquila! En medio de este confinamiento voluntario que en Perú ingresa a la cuarta semana, cada día aprendemos de ellos. El amor no está en cuarentena. ¿Podemos vivir encerrados, pero libres cuando sabemos amar? Las familias vuelven a reconocerse para fijar su mirada en sus propias capacidades.

Amar aún en el encierro

Esta es una oportunidad para crecer. Al tratar de contener el virus muchas familias en el mundo no se explican aún qué hacer para no dañar a los que se ama. Vivir confinados voluntariamente con quienes más queremos puede ser un buen momento para aprehender a reconocernos en el otro. ¿Cuán necesario era este encierro para detenernos a pensar en el otro?.

Sin abrazar, sin saludar. Sin contacto con el otro. La naturaleza ha vuelto a ocupar su espacio. Pero la capacidad de amar está intacta en el ser humano. Esta vez se trata solo de volver a encauzar el corazón desde adentro hacia afuera. 

Cada día se convierte en una nueva experiencia para seguir conociendo las capacidades y habilidades de papá, mamá, y los hermanos. Animémonos todos a continuar esta nueva aventura. Al renovar nuestras familias habremos construido una nueva sociedad. ¡Trabajemos en ello!…

Por Esther Nuñez Balbín
Periodista

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