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Cuatro instituciones fundamentales en la misión de la Iglesia en la Amazonía se han pronunciado a través de sus presidencias con motivo del primer aniversario de la publicación de Querida Amazonía, la Exhortación Postsinodal del Sínodo para la Amazonía. Se trata del Consejo Episcopal Latinoamericano – CELAM, la Conferencia Latinoamericana de Religiosos – CLAR, la Conferencia Eclesial de la Amazonía – CEAMA y la Red Eclesial Panamazónica – REPAM.

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Por parte de la REPAM, que ha tenido un papel decisivo en el proceso sinodal, se pronunciaban su presidente, el Cardenal Pedro Barreto, su vicepresidente, Mons. Rafael Cob, y su secretario ejecutivo, Hno. João Gutemberg Sampaio. El cardenal peruano afirmó que “ya el nombre está expresando esta gran alegría y este cariño que desde siempre la Iglesia ha tenido por la Amazonía, pero de manera muy especial en este tiempo en que hay muchas dificultades para la comprensión del valor de las culturas de los pueblos originarios de la Amazonía”. El purpurado insistía en la importancia de “decirles a las personas que viven ahí que son queridas para la Iglesia”.

Al mismo tiempo, destacaba la importancia de la Amazonía para el mundo, “como el espacio geográfico que regula el clima del mundo”, así como la alegría que representan “las culturas milenarias, los pueblos originarios”. El Cardenal Barreto destacó también la importancia de los cuatro sueños de Querida Amazonía, “que son para nosotros compromisos que debemos asumir plenamente hoy”.

Estamos ante una exhortación que es “un gran regalo para nosotros”, en palabras del vicepresidente de la REPAM, que destaca que el Papa nos habla “de saber soñar, de soñar en este cultura y riqueza que tiene la Amazonía, estos pueblos que son la memoria para saber cuidar la naturaleza”. Para Mons. Rafael Cob, “en Querida Amazonía es una palabra clave soñar, porque verdaderamente no hay progreso sin el sueño”, enfatizando la importancia de “soñar juntos, para también caminar juntos”.

Para Mons. Cob es necesario “un compromiso de cuidar la tierra”, afirmando que el Sínodo amazónico nos pedía convertirnos y soñar “con un mundo nuevo, donde verdaderamente la naturaleza siga siendo parte de nuestra vida”, donde defendamos a “los pueblos que en ella viven”, pueblos “que nos enseñan a vivir, a vivir en medio a toda esta sociedad de consumo, vivir en la austeridad”. Es necesario, según el vicepresidente de la REPAM, “escuchar a la naturaleza y escuchar a los pueblos que viven en ella”. Asimismo, “contemplar la maravilla que Dios nos ha dado”, insistiendo en que “Querida Amazonía seguirá siendo para nosotros una lección a aprender cada día”.

En cambio, el Secretario Ejecutivo de la REPAM, dijo que Querida Amazonía “es un alimento espiritual muy grande porque toca nuestro horizonte, toca nuestra esperanza, toca nuestros valores y toca el amor”. Estamos ante una exhortación apostólica “de gran alcance, necesitamos conocerla mucho más y practicar sus sueños y todo lo que propone”, según el Hno. João Gutemberg Sampaio, que destaca la urgencia de los sueños y conversiones propuestos en Querida Amazonía, promoviendo que “más personas se involucren en el amor, en el cuidado, en la defensa de la Amazonia, de su gente, de sus ecosistemas, porque la ecología integral está en riesgo”.

Una consecuencia de Querida Amazonía es la Conferencia Eclesial de la Amazonía – CEAMA, que tiene como cometido “que el Sínodo se aplique en el territorio” según su presidente. Para el cardenal Claudio Hummes, el Documento Final, asumido por el Papa Francisco en la exhortación, “interpela a toda la Iglesia y también puede inspirar a la Iglesia”, sobre todo en el campo de la inculturación. Para quien fue relator general del Sínodo, en la Iglesia, “su práctica pastoral debe estar inculturada en cada cultura, haciendo realidad “el gran rostro diversificado de la Iglesia en su gran unidad”.

El Cardenal Hummes recuerda los cuatro sueños, nacidos de todo el proceso sinodal. Según el presidente de la CEAMA, “los sueños siempre abren nuevos horizontes, los sueños siempre son algo que podemos ir más allá”, destacando su importancia en la vida de la Iglesia, considerando la CEAMA como uno de esos sueños. Esa Conferencia Eclesial de la Amazonía, “que no sólo incluye a los obispos, sino también a todo el pueblo de Dios en sus diversas categorías”, es fruto del sueño del Papa.

A pesar de la pandemia, la CEAMA “estamos trabajando y avanzando”, afirma el purpurado. Según el cardenal Hummes, la aprobación canónica hará cobrar a la CEAMA “fuerza para mantener viva esta llama que el Espíritu Santo encendió en el Sínodo, esta llama pastoral y misionera de la Iglesia de la Amazonia de acuerdo con los nuevos tiempos, de una Iglesia más sinodal y más del lado de los pobres”.

Sobre la CEAMA también hablaba Mons. Miguel Cabrejos, definiéndola como “una expresión orgánica que sirve para llevar adelante la mayoría de las propuestas concretas del proceso de discernimiento del Sínodo Amazónico y puedan sostenerse en el tiempo”. El presidente del CELAM, de cuya estructura forma parte la CEAMA, señala que “es una estructura inédita en la Iglesia”, que aparece como “fruto de un dinamismo sinodal”. Para el presidente del CELAM, la Asamblea Eclesial de Latinoamérica, la CEAMA y el Sínodo Amazónico son “fruto de este proceso eclesial latinoamericano”, que siempre ha abogado por “ampliar la perspectiva de participación del Pueblo de Dios”.

“En la CLAR tenemos la certeza de que la ecología integral es claramente una opción de la Iglesia de nuestros tiempos”, afirma su presidenta. Ella destaca que “de Laudato Si a Querida Amazonía hay todo un recorrido de escucha, reflexión, conversión y movilización. A cada uno de nosotros se nos invita a una nueva manera de situarnos, a un nuevo estilo de vida”. La Hna. Liliana Franco destaca el grito de la Tierra, de los más pobres, “su grito llega hasta nosotros en esta crisis desencadenada por la pandemia”. Estamos ante una expresión de “la hermosura herida de la que nos habla el Documento Final del Sínodo”, que según la presidenta de la CLAR “no para de interpelarnos y de invitarnos a salir de nosotros mismos”.

La Hna. Liliana ve la urgencia de diálogo “sobre el modo cómo estamos construyendo el futuro del Planeta, desde que hábitos nos situamos, qué estilos de relación desarrollamos entre nosotros y con la Tierra, cuáles son nuestras rutinas de consumocon quiénes establecemos alianzas y desde qué criterios”. Todo ello desde la certeza de que todo está conectado, lo que “nos impulsa a relaciones más honestas y responsables, de mayor cuidado y reverencia con todo lo que existe”.

Para la presidenta de la CLAR la pandemia nos recuerda “que todo cambio, que toda crisis, está habitada por la complejidad”. Ello demanda “ir a la raíz, ayudar a desentrañar las causas, y ubicarnos en el lugar de los que sueñan conversión y tejen nuevos modos relacionales con la tierra y las culturas y entre los seres humanos”. Todo ello en una CLAR, que está “haciendo presencia comprometida y misionera en el territorio, a través de tantos religiosos y religiosas que allí ofrecen la vida”.

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