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Seguirán batallando hasta lograr que se cumpla la sentencia que el Tribunal Constitucional ha dictaminado a su favor. Ahí se obliga a que PetroPerú no solo cuantifique los daños causados tras el derrame de más de 2.600 barriles de petróleo en 2014, sino también a que les remedie y compense. Un logro histórico y emblemático encabezado por la Federación de Pueblos Cocamas Unidos del Marañón (FEDEPCUM) y, siempre a su lado, por los incansables misioneros del Vicariato Apostólico de Iquitos, los abogados del Instituto de Defensa Legal (IDL) y la coordinación de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza.

Por: Beatriz García Blasco (CAAAP)

“Imposible”. Galo es tajante a la par que realista. Está contento, sabe que lo que han logrado (en plural) es, cuanto menos, histórico, pues recientemente el Tribunal Constitucional ha ordenado que PetroPerú compense económicamente a las comunidades afectadas por el derrame de junio de 2014, uno de los más graves que han sufrido, pero no el único. Ese día, más de 2.600 barriles de petróleo tiñeron de negro las aguas de la quebrada Cuninico y las tierras aledañas, llegando en pocas horas al majestuoso Marañón. Sin embargo, la voz de Galo se torna entre nostálgica y triste cuando se le pide ‘escarbar’ en sus recuerdos de niñez y juventud. “No señorita, nuestra comunidad jamás volverá a ser como tiempo atrás”, reconoce. Extraña cuando aguardar apenas unos minutos en el río era sinónimo de un buen banquete o, cuando a pocas horas de camino, se encontraban con facilidad suculentos animales de monte. Ahora todo depende del mismo Dios: don dinero. Si lo tienes comes, pero ¿y si no? “Claro, los más jóvenes se van a la ciudad. A Iquitos o a Nauta. Intentan ganar ‘alguito’ y mandar. Porque aquí estamos meses para poder trabajar una tonelada de arroz y vender, pero de ahí apenas se sacas 1.500 soles después de meses de trabajo”, explica.

Galo Vásquez Silva es miembro del pueblo Cocama y, en calidad de presidente de la Federación de Pueblos Cocamas Unidos del Marañón (FEDEPCUM), organización que representa a las comunidades indígenas loretanas de Nueva Esperanza, San Francisco, Cuninico, Santa Rosa, Santa Teresa y Monterrico, nunca ha desfallecido en la lucha de estos pueblos por lograr justicia. Justicia contra el irreparable daño medioambiental que PetroPerú viene causando a su río, a su tierra, a su casa, a su pedacito de selva. En esta lucha no ha estado solo, por supuesto. A su lado decenas de familias cocamas de las comunidades afectadas que hoy, más de seis años después ‘celebran’ la sentencia que el Tribunal Constitucional ha dado a su favor: PetroPerú no solo deberá cuantificar y reconocer los daños, sino también compensarles. A todos, sin excepción.

Galo Vásquez, haciendo uso de la palabra, junto a otros dirigentes y apus de la FEDEPCUM. Foto: Carmen Arévalo.

Es jueves, 14 de enero. Hace más de una semana que las familias de la zona se enteraron de este gran logro colectivo, pero desconocen los detalles y, sobre todo, se preguntan qué vendrá ahora. ¿PetroPerú acatará y les compensará por tanto daño y dolor? Para analizar los avances y consensuar posturas a futuro, representantes de las cuatro comunidades que deberán ser compensadas (Nueva Esperanza, San Francisco, Cuninico y Santa Rosa) se han citado en el local comunal de Cuninico. Se reúnen frente a la pantalla de un televisor que, conectada a una laptop, les enlaza con quienes les vienen acompañando y facilitando a lo largo del proceso: Juan Carlos Ruiz y Maritza Quispe, abogados del Instituto de Defensa Legal, y los misioneros agustinos Miguel Ángel Cadenas y Manolo Berjón. Guiando la reunión está Carmen Arévalo, otra figura clave en esta historia, hoy desde la coordinación en Loreto de la Mesa de Concertación de Lucha Contra la Pobreza. Les acompaña, también, Federico Arnillas, presidente de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza-MCLCP a nivel nacional.

“Por el tema sanitario no podemos viajar, pero me hubiera gustado estar ahora con ustedes, devolverles este triunfo, esta sentencia de manera personal, estar con cada uno y poderles abrazar”, les confiesa, como cierre de la reunión la abogada de IDL. Antes, tras explicarles el contenido e implicaciones del documento emitido por el TC, les ha lanzado una pregunta a la que todos, a una voz, han respondido sin dudar.

  • PetroPerú ni siquiera se ha acercado a sus comunidades para hacer un inventario de daños. Es lógico que ahora nos preguntemos, ¿qué pasará, qué haremos si PetroPerú no acata la sentencia, si se hace el ‘loco’?, Y yo les pregunto, ¿qué harán?
  • ¡Seguir!
  • Muy bien, como les he explicado existen herramientas jurídicas para hacerles cumplir.

Si bien el acompañamiento de los abogados de IDL ha sido vital desde el punto de vista jurídico, en Cuninico nadie olvida que fue la parroquia de Santa Rita de Castilla quien brindó a las comunidades la fuerza, la valentía y la seguridad inicial para emprender el camino, incluso antes de que ocurriera el desastre de 2014, cuando también había derrames pero nadie hablaba de ellos. Ante sus paisanos, César Mozombite, agente pastoral de Cuninico y su esposa, Flor de María Paraná, han venido liderando cada acción emprendida. Y lo recuerda así: “No podemos ni debemos olvidarnos de quienes nos alertaron y nos impulsaron. Gracias al Padre Miguel Ángel y al Padre Manolo, pero también gracias a las hermanas porque, aunque ya no están con nosotros, seguimos teniéndolas muy presentes a Pilar, Aracely, Nancy…”.

César también recuerda quiénes fueron los primeros en inmortalizar con sus cámaras y sacar a la luz lo ocurrido, en comenzar el indispensable trabajo de visibilización pública. Menciona a Radio Ucamara y a su director, Leonardo Tello, como medio de comunicación del Vicariato de Iquitos; pero también a Bárbara Fraser, periodista estadounidense afincada en Perú, quién llegó hasta el lugar. “También vino Ángela, una chica alemana, para sacar las evidencias, ¿se  acuerdan?”. Sus palabras finales no pueden ser más claras: “Luego han venido de muchos lugares del mundo, por eso esto que hemos logrado es histórico. Y todo este apoyo nos da no solo fuerza, sino una gran responsabilidad para llegar a la meta final. Hemos caminado juntos y, sin ellos, todo esto habría sido otra historia”.

Toma tras el derrame de 2014. Foto: Barbara Fraser

Talita Paraná, su cuñada, toma la palabra. Agarra el micrófono con determinación. Sus mensajes resuenan desde lo más profundo del corazón. Ni siquiera la lejanía de lo virtual impide sentirla cerca. Talita habla de sentimientos. ¿Alegría? En absoluto. Lo que ella siente es un indescriptible orgullo. “Hemos ganado una batalla, sí, contra unos monstruos. Pero no podemos estar alegres porque en este camino hemos perdido vidas como la de mi esposo, muerto con cáncer y también con afectaciones en la sangre. Todo lo que nos ha ocurrido es una tristeza, porque varios estamos enfermos y vamos a seguir muriendo. Porque la vida no tiene precio, nuestra vida no tiene repuesto, nadie la cambia”, lamenta, “por eso digo que todo esto no me genera alegría, pero sí un enorme orgullo porque vemos que sí hay justicia, porque comprobamos que sabemos defendernos, que sí valemos y que tenemos derechos, aunque estemos en un rincón perdido del país”.

Una sola palabra: Unión

Mientras los aplausos se encadenan tras cada intervención, una misma palabra se repite en diferentes bocas y discursos: unión. “Ahora debemos estar preparados frente a todo y no bajar la guardia, mirando siempre el bien común de la comunidad. Es momento de estar más unidos que nunca”, dice Carmen Arévalo; “es muy importante que la unidad esté sostenida jurídicamente, eso le va a dar a sus voceros la fuerza legal para entrar en la fase del cumplimiento de la sentencia”, advierte Federico Arnillas; “ahora nos toca la unidad”, exhorta César Mozombite.

La experiencia les dice que, posiblemente, muy pronto empiecen a llegar las ofertas y se comience con los malentendidos de otras veces que solo tienen un único propósito: dividir. Y es que lo más complicado es mantenerse unidos pero es precisamente en esa unión donde radica el gran valor del camino ya recorrido. “¿Dónde está el poder de ustedes?, ¿por qué cuatro comunidades de Marañón le han ganado a Petroperú, que tiene un ejército de abogados? ¿Por qué cuatro comunidades de gente que no tienen poder económico le han ganado a una empresa grande?”, les pregunta desde Lima el abogado Juan Carlos Ruiz, al que todos conocen, estiman y agradecen, “porque se han unido, porque han decidido actuar juntos. El trabajo colectivo les da a ustedes poder. Aquí la fórmula es personas que deciden organizarse juntos, y el trabajo de Carmen, el trabajo de IDL con el Vicariato, ayuda, claro, pero lo central es que ustedes han decidido trabajar juntos, caminar juntos”.

Desde Lima, los abogados de IDL han expuesto la sentencia mediante conferencia virtual. Foto: Carmen Arévalo.

Para el especialista de IDL hay otros aspectos fundamentales y dignos de análisis cuando se hace balance de lo caminado. De un lado el papel de la Iglesia, del Vicariato de Iquitos que, como coloquialmente se expresa, se ha ‘ganado el pleito’. Una Iglesia que ha asumido el papel que le corresponde, el de “estar al lado de los pobres, de los que sufren, de aquellos a los que se les niega la dignidad, y no del poder”. Pero, además, es vital reconocer el papel activo de los propios pobladores del Marañón, de los propios afectados y, más allá de eso, el gran valor de su voz. “Nadie debe hablar por ustedes. Eso hay que tenerlo bien claro. Si se acuerdan en la última audiencia habló el apu de cada comunidad y la madre indígena de cada comunidad. Me acuerdo mucho de Elodia, de Watson, de Julio… cuando ellos hablaban, desde su realidad, desde la verdad, los de la DIGESA se quedaban callados… Porque el protagonista no es el abogado, son ustedes. Nosotros, todas las instituciones que les acompañamos, somos meros facilitadores, reflectores para encontrar las señales de alarma, a más reflectores, más claridad, menos oscuridad”, les dice.

“Ustedes están construyendo la historia del Perú”

Con más de 20 años de experiencia en la región y un amplio conocimiento de la cosmovisión indígena y, en específico, del pueblo Cocama, los padres Miguel Ángel Cadenas y Manolo Berjón no necesitan presentación en Cuninico. Casi como visionarios, llevan varias décadas advirtiendo de la realidad que lamentablemente se vive hoy. Al inicio del siglo, incluso, tras uno de esos derrames que prácticamente ni se contabilizan Cadenas llamó a Lima para pedir ayuda y la respuesta fue tajante: “Padre, todo eso de la protección el medio ambiente está muy bien, pero aquí no va a lograr nada, eso es una cosa de occidente. Nadie se interesa aquí por eso”. Han pasado más de 20 años de aquella respuesta y hoy, aun consciente de que la remediación tanto tiempo después no se dará al 100%, le alegra que se esté sentando un precedente histórico. Ambos, así como el actual párroco de Santa Rita de Castilla, P. Luis Fernández, defienden que este logro es “de justicia social, por la dignidad que todas las personas merecen”.

Exteriores de la comunidad de Cuninico. Foto: Carmen Arévalo.

Durante la reunión con las comunidades afectadas los tres han estado presentes de forma virtual. Cadenas asegura que “puede que nos hayamos desanimado en algún momento”, pero no se cansa de reconocer la “constancia y valentía de las cuatro comunidades que han confiado en la Iglesia y en IDL para continuar con el proceso”. Y les dice de forma directa que, lo logrado, no solo les va a servir a ellos, que ya es importante, sino que se está sembrando un precedente importantísimo de cara al futuro para que “otras comunidades exijan que se cumplan sus derechos”. Juan Carlos Ruiz, de IDL, lo confirma. Y es que el precedente de Cuninico ha servido para tener logros en favor de la comunidad de Espinar, en la región Cusco.

“De repente es un camino muy lento, pero creo que es la mejor manera de no exponerse a consecuencias negativas y conseguir cosas que son completamente justas. Este es un proceso que se está estudiando en muchas universidades del mundo, especialmente en América Latina. Hay mucha gente pendiente de lo que ustedes están haciendo. Tal vez puedan creer en alguna oportunidad que se sienten solos, pero no es verdad, ustedes están construyendo la historia del Perú. Y me parece que en este año que estamos celebrando el Bicentenario de la independencia es muy importante que las comunidades indígenas puedan acceder a lo que son derechos básicos”, les anima. El padre Berjón, por su parte, les habla de libertad: “Quiero que miren adelante, cómo pueden hacer las cosas cada vez mejor, porque lo que ustedes hacen es lo que Dios quiere para ustedes. Por eso yo les invito a todos, a las cuatro comunidades, a que se mantengan libres”.

Cuninico no se conforma y sigue en el camino. Cuninico renueva su compromiso y busca, a partir de ahora, que lo dictado por la máxima autoridad de la justicia peruana no quede en el papel. Busca que el mandato se cumpla para seguir construyendo la historia del Perú desde lo más lejano de la Amazonía. Por ellos y, sobre todo, por lograr el respeto al río y a la madre selva.

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