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Jr. Estados Unidos 838. Jesús María.
Lima, Perú.

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Miles de fieles participaron este domingo en la celebración de la Solemnidad del Corpus Christi, presidida por el cardenal Carlos Castillo Mattasoglio en la Plaza Mayor de Lima. En su homilía, el arzobispo de Lima recordó que la Eucaristía es el alimento espiritual que fortalece a los creyentes para salir al encuentro de los demás, construir unidad y sanar las heridas de la sociedad. “No podemos separar la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo de la comunión viva de nuestro pueblo y nuestra sociedad”, afirmó.

La celebración reunió a comunidades parroquiales, obispos, sacerdotes, hermandades, agentes pastorales, jóvenes, voluntarios de Cáritas Lima y estudiantes de colegios parroquiales. Además de compartir el Pan de Vida, los participantes expresaron su solidaridad mediante la recolección de cerca de dos toneladas de víveres que serán destinados a ollas comunes, cunas y comedores parroquiales.

Bajo el lema “Como Toribio de Mogrovejo, unidos en el Cuerpo de Cristo, somos un solo Pueblo”, el cardenal Castillo destacó que la Eucaristía remite directamente a la entrega de Jesucristo en la Cruz y al servicio que marcó toda su vida. “No podemos existir ni como creyentes, ni como cristianos y humanos, si no recibimos en lo más profundo de nuestro ser la vida de Dios a través de su alimento”, expresó.

El Primado del Perú explicó que la fe cristiana no se fundamenta en la magia ni en una idea abstracta de Dios, sino en un acontecimiento real y concreto de la historia: la entrega de Jesús en la Última Cena y su sacrificio redentor. En ese sentido, señaló que el pan y el vino consagrados son el signo permanente mediante el cual Cristo continúa alimentando y acompañando a su pueblo.

Durante su reflexión, el arzobispo también resaltó que la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, está llamada a vivir la unidad en la diversidad. “Dios no es monótono ni estándar. Él nos hizo diferentes, con historias y situaciones concretas, para que aprendamos a apreciarnos y amarnos mutuamente”, indicó. Asimismo, advirtió que el ritmo acelerado de la vida actual puede conducir a la dispersión y al enfrentamiento, mientras que la Eucaristía invita a reconocernos como hermanos y hermanas.

El cardenal Castillo recordó que la comunión no concluye al recibir la hostia consagrada, sino que impulsa a los cristianos a comprometerse con la vida de los demás. “Comulgar en el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos da fortaleza para salir al encuentro del Otro, compartir lo que tenemos, generar relaciones, curar heridas y ayudar a que cada persona se sienta plenamente humana y feliz”, manifestó.

Finalmente, el arzobispo de Lima destacó la riqueza cultural presente en la capital y llamó a fortalecer la integración entre los diversos pueblos que conforman el país. Al recordar que Lima es actualmente la ciudad quechuahablante más grande del Perú, exhortó a valorar esta diversidad como una oportunidad para construir una sociedad más fraterna. “Lima tiene una gran vocación de servicio generoso a todos nuestros pueblos. Poco a poco iremos logrando que seamos una sola carne y un solo corazón”, concluyó.

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