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La misión de la Iglesia peruana sigue presente en las prisiones. En lo que va del año, la Pastoral Carcelaria de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) ha venido ofreciendo el acompañamiento espiritual a las personas privadas de libertad y a sus familias. Aunque se ha reducido las visitas a las cárceles, a casusa de la pandemia, todavía hay capellanes y voluntarios que tratan de llevar esperanza y ayuda social a los presos.

La Agencia de Noticias del Episcopado Peruano (ANCEP) entrevistó al Padre Enrique Gonzales, Secretario Ejecutivo de la CEAS, acerca de la situación carcelaria en nuestro país y del acompañamiento pastoral que se viene brindando a las personas privadas de libertad en los diferentes centros penitenciarios del Perú.

¿Cómo describiría la situación carcelaria en nuestro país?

La situación carcelaria en el Perú es precaria debido al hacinamiento, las condiciones precarias y la falta de un trato más digno de los hermanos y hermanas privados de libertad, además del prejuicio social existente lo que hace que las cárceles sean consideradas como “escuelas para aprender a delinquir” (de esta forma se llamó a las cárceles en la V Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe celebrado en Aparecida, en Brasil) o “depósitos humanos” (en palabras del Papa Francisco), en vez de lugares de “reinserción social”.

¿Cómo ha afectado la pandemia del COVID-19 a las personas que se encuentran privadas de su libertad?

Tremendamente. Al no ser atendidas las demandas y peticiones, ha ocasionado que las personas privadas de libertad queden vulnerables ante la pandemia. ¿Qué es lo que puede ocurrir en lugares como las cárceles? En el Perú, los penales reportaron numerosos casos de contagios y se registró un porcentaje alto de fallecidos (más de 400 personas perdieron la vida en todo el país). Por eso, ante la pandemia del nuevo coronavirus, se han prohibido todo tipo de visitas y eso también ha perjudicado a los internos, pues muchos de ellos no han recibido alimentos o medicamentos. También se ha paralizado los trabajos productivos que ejercían varias personas dentro de las cárceles.

¿Cómo se ha brindado el acompañamiento espiritual en las cárceles del país durante este tiempo de pandemia?

La pandemia nos ha limitado bastante, ya que muchos agentes pastorales de cárceles son personas vulnerables. Pero esto no ha impedido la creatividad de hacer esfuerzos de acompañamiento y de brindar ayuda humanitaria. En estos meses se ha acompañado a las familias de los internos. No obstante, la parte sacramental no se realizó de manera presencial, pero se les ha hecho llegar algunos insumos para la reflexión de la palabra.

Todo está prohibido por la pandemia y esto ha afectado enormemente a los agentes pastorales que viven del llamado del Señor sirviendo al que está preso. Muchos de nuestros agentes pastorales se han sentido impotentes al no poder acercarse, a pesar de eso se ha ayudado en muchos penales del Perú mediante el reparto de medicinas, mascarillas, entre otros. Asimismo, a través de llamadas por teléfono se podía escuchar las principales demandas y necesidades de los reos. La escucha y el acompañamiento espiritual fue muy importante.

¿Qué retos tuvieron los agentes pastorales en estos últimos meses?

Se ha conformado un equipo de reflexión de la Red Nacional de la Pastoral de Cárceles para pensar juntos en el replanteamiento de la Pastoral Carcelaria. En este contexto nuevo que ha provocado la pandemia, el equipo de la pastoral carcelaria es acompañado y guiado por nuestro obispo presidente Monseñor Jorge Izaguirre.

Los encuentros virtuales nos han permitido estar al tanto del trabajo que vienen desarrollando los equipos que se encuentran distribuidos en los penales de las diferentes jurisdicciones eclesiásticas.

¿Cuál es la posición de la CEAS respecto a las medidas que aplicó el Estado peruano para indultar a los reos más vulnerables?

Te diré que ésta medida se aplicó muy tarde y fueron insuficientes, pues se aprobó después de varios meses, cuando muchos de nuestros hermanos y hermanas privados de libertad habían fallecido. A pesar de ello, estamos de acuerdo y desde la Comisión Episcopal de Acción Social luchamos para que se haga posible.

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