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Jr. Estados Unidos 838. Jesús María.
Lima, Perú.

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La teofanía que vivieron los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, en el monte Tabor, el monte de la Transfiguración, revela el amor misterioso de Dios, una pasión tan grande por el hombre que para salvarlo no duda en enviar a su Hijo: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle” (Mt 17,5).

Pedro mira este momento tan especial con una mirada envuelta a la Fiesta de los Tabernáculos (el recuerdo del tiempo en que vivieron dependientes totalmente de Dios) y al ver a Moisés y Elías rodeando a Jesús, entiende que se cumple la profecía y por eso ofrece construir tres tiendas.

Es impactante la luz que irradia Cristo. Pero, ¿qué significa esta luz? La teología griega distingue tres luces: la luz sensible, que revela los objetos propios de los sentidos; la luz de la inteligencia que permite entrar en la verdad que supera el orden sensorial, y la luz increada que permite percibir lo que está por encima de todo sentido y de toda inteligencia.

Cristo es la luz que ilumina a todo hombre y a todos los hombres porque es el “Resplandor de la gloria del Padre”. Desde la Transfiguración El Señor nos llama y nos invita a seguirlo con fidelidad. Él nos dice: “Levántense, no tengan miedo”.

R. P. Guillermo Inca Pereda, Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal Peruana

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