Ela Daniela Lazo Garcia (Pastoral Social Cáritas del Arzobispado de Huancayo)
Desde su llegada al barrio en el 2013, María Ataucusi sabía que tenía una misión: alimentar a los pequeños niños que jugaban al atardecer entre eucaliptos y molles, gastando el tiempo y ajustando el estómago hasta la llegada de sus madres, que volvían de trabajar como peonas en el campo.
Al inicio de la pandemia por la Covid-19, las familias estaban confinadas. No había trabajo, pero si hambre. María, ferviente católica y apasionada por la ecología, escuchó a su hijo Ronald hablar de las ollas comunes que hacían mujeres de pueblos jóvenes para sobrevivir y pensó que sería necesario tener una para atender a las familias del barrio. Fue casa por casa a inscribir. Aproximadamente setenta mujeres se reunieron en campo abierto y acordaron traer insumos de sus hogares para cocinar. Una ‘vicharra’ (cocina a leña), ollas prestadas y una casita que construyeron con maderas, calaminas y toldos, fueron testigos de sus inicios.
Iglesia solidaria con los más necesitados
“¿Si hemos pensado en dejarlo? Muchas veces, pero Dios siempre nos empuja”, cuenta María. Su primera crisis fue cuando los alimentos que traían se iban agotando, entonces Cáritas Huancayo y Resucita Perú Ahora, instituciones ligadas a la iglesia católica, les entregaron una cocina a gas, ollas y víveres de primera necesidad. Desde entonces se han convertido en sus aliados.
Al pasar el tiempo fueron desalojadas de la casita y se trasladaron a un espacio contiguo al domicilio de la presidenta con la esperanza de construir su local propio. Sus anhelos se cumplieron. El 18 de marzo del 2023 inauguraron su local propio, fruto del ahorro y la cooperación. El gerente municipal fue su invitado de honor porque el municipio les ayudó con parte de la mano de obra y ellas lograron su objetivo en forma organizada.
Los niños de Saños Chaupi cuentan emocionados que la olla común alimenta a todos. Muchos de sus amigos y vecinos, que quedaron huérfanos en la pandemia y adultos mayores en abandono, comen gratuitamente. Sus mamás permanecen más tiempo con ellos y siempre hay comida lista para almorzar. “¡Por eso me gusta esta Olla!”, afirma Juliet, hija de la vicepresidenta.
Pan de Vida para todos
La “Olla Común Pan de Vida” alimenta, pero también enseña a cuidar el medio ambiente. En el 2015 María dedicaba tiempo y esfuerzo a limpiar su calle para vivir en un entorno sin contaminación, soñaba que si esa idea contagiaba a sus vecinos tendrían un barrio saludable y respetuoso con el medio ambiente. Ahora, las madres socias y otras tantas beneficiarias se unen cada sábado en intensas jornadas de limpieza, recogen diversos residuos de los campos de cultivo, canales de riego y calles. “Cuando se limpia, ya no se quiere ensuciar”, reflexiona Cecilia, integrante de la olla común.
Poco a poco han aprendido a destinar el agua de los alimentos lavados para las plantas, los restos de cocina para los animalitos, las bolsas de tela reemplazan los plásticos en las compras y los tapers se reutilizan. En palabras del Papa Francisco, “cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante en la sociedad”, citado de la encíclica Laudato Sí, o como dicen las madres en quechua: Yupaychasq kachun sutiki taytay.
*Producto editorial del Curso Laudato si’ del Dicasterio para la Comunicación.