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En la misa de clausura, el obispo de Chiclayo llamó a construir una comunicación que humanice y evangelice frente a los riesgos de la era digital.

En un contexto marcado por la desinformación, la manipulación informativa y los discursos de odio que circulan en las plataformas digitales, monseñor Edinson Farfán, obispo de Chiclayo y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación, exhortó a los comunicadores católicos a ejercer su labor con verdad, caridad y responsabilidad social durante la Misa de Clausura del Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos del Perú, realizado en el Cusco del 29 al 31 de mayo.

“La noticia no puede separarse de la verdad, de la caridad y de la justicia. El comunicador cristiano está llamado a pasar la información por el crisol de la verdad, del respeto y de la responsabilidad social. ¡Qué importante es esto en una época marcada por la desinformación, las noticias manipuladas, los discursos de odio, las campañas de destrucción moral y las dinámicas digitales que muchas veces terminan destruyendo reputaciones, familias y comunidades enteras!”, afirmó el prelado.

El encuentro, realizado en el marco de la Solemnidad de la Santísima Trinidad, reunió a comunicadores, periodistas, responsables de oficinas de prensa, productores audiovisuales, fotógrafos, locutores, creadores de contenido digital, agentes pastorales de comunicación y representantes de medios católicos de todo el país.

Trinidad: el modelo de toda comunicación auténtica

Monseñor Farfán centró una parte importante de su homilía en el misterio de la Santísima Trinidad, que presentó como el modelo más perfecto de comunicación. Recordó que no es casualidad que la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales coincida con esta solemnidad, pues, según explicó, “el misterio central de nuestra fe es también el misterio supremo de la comunicación perfecta”.

Para profundizar en esta idea, hizo referencia a la perichóresis, concepto teológico que describe la comunión plena entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Según expresó, “el Padre se comunica totalmente al Hijo; el Hijo acoge plenamente al Padre; y el Espíritu Santo es el vínculo vivo del amor y de la unidad”.

A partir de esta imagen, el obispo subrayó que la comunicación no puede limitarse a la difusión de información. Más bien, está llamada a generar encuentro, fortalecer los vínculos humanos y reconocer la dignidad de cada persona. En un mundo marcado por la rapidez de los mensajes y la sobreabundancia de contenidos, insistió en la necesidad de una comunicación que contribuya a construir comunión y no a profundizar divisiones.

Esta convicción estuvo presente a lo largo de toda su reflexión. Para el presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación, comunicar es mucho más que una tarea técnica; es un servicio a la verdad, al encuentro y al bien común.

El gran peligro: la deshumanización

Monseñor Farfán dedicó también una parte de su homilía a reflexionar sobre los desafíos que enfrenta la comunicación en la actualidad. En ese contexto, advirtió que uno de los riesgos más serios de nuestro tiempo no es únicamente la difusión de información falsa, sino la progresiva pérdida del sentido humano en la manera de comunicar.

“En un mundo saturado de información, el gran peligro no es solamente la mentira. El gran peligro es la deshumanización”, afirmó. A partir de esta reflexión, describió una realidad marcada por profundas contradicciones, donde las personas pueden acceder a una cantidad ilimitada de información y, al mismo tiempo, volverse indiferentes al dolor ajeno. Del mismo modo, señaló que la hiperconectividad no siempre genera cercanía, sino que muchas veces convive con el aislamiento, la soledad y la dificultad para establecer vínculos auténticos.

El obispo observó además que la producción constante de contenidos suele dejar poco espacio para la reflexión y el discernimiento, elementos indispensables para reconocer la verdad y actuar con responsabilidad.

Frente a esta realidad, exhortó a los comunicadores a tomar conciencia de la importancia de su labor y del impacto que esta tiene en la sociedad. “Los comunicadores tienen hoy una misión extraordinariamente delicada y decisiva. No son únicamente transmisores de noticias; son custodios de humanidad”, sostuvo, al destacar que la comunicación debe contribuir a fortalecer la dignidad de las personas y el tejido social.

El magisterio pontificio como brújula

Monseñor Farfán recurrió al magisterio de los últimos papas para ofrecer una orientación concreta a los comunicadores católicos. Recordó que el papa Francisco insistió en la necesidad de una comunicación “capaz de construir puentes y no muros”, libre de agresividad, manipulación y polarización. También evocó la llamada del papa emérito a “desarmar la comunicación” y a recuperar el lenguaje como espacio de encuentro, no como instrumento de violencia.

En cuanto al actual pontificado, el obispo señaló que el papa León XIV ha continuado esa línea pastoral y profética, “recordándonos que la comunicación cristiana debe nacer de una espiritualidad de la escucha y de la responsabilidad ética frente a la revolución tecnológica que estamos viviendo”. En ese contexto, el prelado citó la encíclica Magnifica Humanitas, que, según sus palabras, “nos invita a recuperar el valor incomparable de la persona humana frente a toda lógica tecnocrática que reduzca al ser humano a un dato, a un algoritmo o a una estadística”.

Esta referencia fue aprovechada por el obispo para lanzar una advertencia directa sobre el uso de la tecnología. Mons. Farfán reconoció que representa “una oportunidad inmensa para la humanidad” y advirtió que puede convertirse en un riesgo profundo cuando desplaza la conciencia ética, debilita las relaciones humanas o sustituye el discernimiento moral.

“La tecnología debe estar al servicio del ser humano; nunca el ser humano al servicio de la tecnología”, remarcó.

La responsabilidad ética de comunicar

Monseñor Farfán también se refirió a las exigencias concretas que implica ejercer la comunicación desde una perspectiva cristiana. Señaló que toda información debe pasar por el “crisol de la verdad, del respeto y de la responsabilidad social”, especialmente en un contexto marcado por la desinformación, las noticias manipuladas, los discursos de odio y las campañas digitales que dañan la reputación y la convivencia social.

En esa línea, sostuvo que comunicar implica defender la dignidad humana, dar voz a quienes suelen permanecer invisibles y contribuir a la construcción de una cultura del encuentro. Recordó que la paz no consiste únicamente en la ausencia de conflictos, sino en la capacidad de generar relaciones basadas en el respeto, la escucha y la fraternidad. Para ello, encontró inspiración en las lecturas proclamadas durante la celebración, que presentan a Dios como misericordioso y fiel, y exhortan a vivir en la paz y en el amor.

Comunicadores con alma y testigos de esperanza

Dirigiéndose a la realidad latinoamericana, el presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación recordó que los medios influyen cada vez más en la formación de las personas y de la opinión pública. Por ello, subrayó la necesidad de formar comunicadores comprometidos con la verdad, la dignidad humana y la transformación de la sociedad.

Más allá de la preparación técnica, afirmó que América Latina necesita “comunicadores con alma”, capaces de escuchar el clamor de los pueblos, comprender el sufrimiento de las periferias y contribuir a sanar las fracturas sociales. Extendió además este llamado a la propia Iglesia, destacando que una auténtica Iglesia sinodal es aquella que sabe escuchar, dialogar y reconocer el valor de cada voz.

Al concluir su homilía, encomendó la misión de los comunicadores católicos del Perú al Espíritu Santo y a la Virgen María, a quien presentó como modelo de escucha y acogida de la Palabra. Finalmente, animó a los participantes a vivir su vocación como “testigos y peregrinos de la esperanza”.

La Eucaristía fue concelebrada por monseñor Lizardo Estrada Herrera, obispo auxiliar del Cusco y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación; monseñor Marco Antonio Cortez Lara, Obispo de Tacna y Moquegua, y monseñor José Antonio Alarcón, obispo de Huaraz, junto a sacerdotes, diáconos y religiosos presentes en el encuentro celebrado en la ciudad del Cusco.

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