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En la solemnidad de Santa Rosa de Lima, el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y obispo de Lurín presidió la consagración de Cecilia Figueroa Serrudo, Pilar Malqui Gómez y Chiara Hartley Menini en la Catedral San Pedro de Lurín.

En la solemnidad de Santa Rosa de Lima, Monseñor Carlos García Camader, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) y obispo de Lurín, presidió la consagración de tres nuevas vírgenes pertenecientes al Ordo Virginum: Cecilia Figueroa Serrudo, Pilar Malqui Gómez y Chiara Hartley Menini.

Durante la celebración, las tres mujeres expresaron públicamente su decisión de entregar su vida a Cristo y ponerse al servicio de Dios y de la Iglesia, viviendo su vocación en medio del mundo.

En su homilía, Monseñor García destacó que la consagración de estas mujeres es también un llamado para quienes aún buscan descubrir su propia vocación.

Esta tarde no solo puede ser una tarde de consagración, sino también de llamado. Que ustedes sean un signo para que muchas mujeres y muchos hombres que aún no han tomado la decisión puedan cuestionarse: ¿y yo por qué no? ¿Y yo por qué no puedo también consagrarme a Dios?”

El obispo también animó a los solteros a no vivir una vida centrada en sus propios intereses, sino a abrirse al llamado de Dios y al servicio de los demás. “Vale la pena entregar la vida por Cristo”, afirmó.

Un sí a Cristo

El rito incluyó la llamada personal de las candidatas, el escrutinio, las letanías, la profesión pública de su compromiso de castidad perfecta y la oración consagratoria.

Después de ser consagradas, recibieron el velo, el anillo y el libro de la Liturgia de las Horas, signos de su entrega a Cristo. Las nuevas consagradas participaron luego en la celebración eucarística y, al finalizar, firmaron las actas correspondientes junto con dos testigos.

Tres historias, una misma vocación

Pilar Malqui Gómez, de 54 años, es profesora de Educación Religiosa y desarrolla su servicio en la pastoral escolar y en el retiro de sanación postaborto “Viñedos de Raquel”. Su camino de fe comenzó a los 29 años y, después de un proceso de discernimiento y formación, descubrió en el Ordo Virginum el camino para vivir su vocación como esposa de Cristo en medio del mundo.

Cecilia Figueroa Serrudo, de 57 años, es docente universitaria de la Facultad de Agronomía y colabora en la sacristía de la capilla de su universidad. Su inquietud vocacional surgió a los 16 años, pero años después, tras haberse alejado de la Iglesia, volvió a reconocer ese llamado. Conoció el Ordo Virginum a través de una publicación periodística e inició su camino como aspirante.

Chiara Hartley Menini, de 30 años, es comunicadora y pre-docente universitaria. Su servicio está vinculado a la promoción de la vida, la familia y la fe mediante la fotografía, la predicación y las obras de misericordia. Durante la pandemia descubrió con mayor claridad su llamado a una vida de oración, servicio, maternidad espiritual y celibato.

Poco a poco, mi voluntad se configuró con la suya y ¡empecé a querer ser Esposa de Jesús!”, expresó.

Una antigua vocación vigente en la Iglesia

El Ordo Virginum tiene sus raíces en los primeros siglos del cristianismo y constituye una de las formas más antiguas de consagración femenina en la Iglesia. Su renovación después del Concilio Vaticano II permitió recuperar esta vocación, vivida por mujeres que permanecen insertas en sus comunidades y desarrollan su misión en medio de la sociedad, bajo la guía de su obispo.

La identidad de la virgen consagrada se expresa especialmente en la virginidad, la esponsalidad y la maternidad espiritual. En 2018, la Santa Sede publicó la instrucción Ecclesiae Sponsae Imago, dedicada a esta forma de vida consagrada.

Con estas tres nuevas consagradas, la diócesis de Lurín cuenta actualmente con 13 vírgenes consagradas, mientras otras mujeres continúan su proceso de discernimiento y formación.

La celebración presidida por Monseñor Carlos García pone de manifiesto la vigencia de esta vocación y su servicio a la Iglesia y a la sociedad desde la vida cotidiana.

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