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Este viernes 5 de marzo, en el marco de su viaje apostólico a Iraq que tiene pro lema “Todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8), el Papa Francisco celebró un encuentro con los obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y catequistas de ese país en la catedral siro-católica de Sayidat Al-Nejat (Nuestra Señora de la Salvación), ubicada en Bagdad.

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Este ciudad ha sido objetivo de dos ataques terroristas perpetrados por el grupo autoproclamado Estado Islámico, uno de ellos ocurrió en octubre de 2010, que costó la vida de 48 personas, entre ellas también dos jóvenes sacerdotes y dejó más de 100 heridos.

En su discurso, el Santo Padre agradeció al Patriarca Ignace Youssif Younan y al Cardenal Louis Sako por las palabras de bienvenida, a la vez que dedicó un pensamiento especial a los “hermanos y hermanas que aquí han pagado el precio extremo de su fidelidad al Señor y a su Iglesia”.

Al mismo tiempo, el Pontífice recordó que la religión debe servir para construir la paz y los animó a “ser servidores del pueblo y no administradores públicos”, siempre con el pueblo de Dios, “nunca separados como si fueran una clase privilegiada”.

El Papa recuerda a las víctimas

“Que el recuerdo de su sacrificio nos inspire para renovar nuestra confianza en la fuerza de la Cruz y de su mensaje salvífico de perdón, reconciliación y resurrección”, dijo el Papa Francisco, subrayando que, en efecto, “el cristiano está llamado a testimoniar el amor de Cristo en todas partes y en cualquier momento”.

Teniendo en cuenta las dificultades que ha originado la actual pandemia, así como los “arduos desafíos pastorales” que afronta la Iglesia en Iraq, el Pontífice alentó a los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, catequistas y responsables laicos, a seguir adelante sin perder la esperanza cristiana y sin detener “nuestro celo apostólico”, que en estas tierras provienen de raíces muy antiguas.

Cristo se anuncia con el testimonio

Asimismo, el Santo Padre exhortó a los presentes a “no olvidar que Cristo se anuncia sobre todo con el testimonio de vidas transformadas por la alegría del Evangelio”.

Haciendo alusión a las dificultades que forman parte de la experiencia cotidiana del pueblo iraquí, como la guerra, las persecuciones, la fragilidad de las infraestructuras básicas y la lucha continua por la seguridad económica y personal, el Sucesor de Pedro agradeció de modo especial, a los hermanos obispos y sacerdotes, “por haber permanecido cercanos a su pueblo, sosteniéndolo, esforzándose por satisfacer las necesidades de la gente y ayudando a cada uno a desempeñar su función al servicio del bien común”.

Continuando con su alocución, Francisco hizo hincapié en que el amor de Cristo nos pide “dejar de lado todo tipo de egocentrismo y rivalidad”, ya que “nos impulsa a la comunión universal y nos llama a formar una comunidad de hermanos y hermanas que se cuidan unos a otros”.

Antes de concluir su discurso, Francisco recordó nuevamente a los hermanos y hermanas que murieron en el atentado terrorista en esta Catedral hace diez años y cuya beatificación está en proceso.

Firma del Papa en el Libro de Honor

Tras finalizar su discurso, el Santo Padre firmó el Libro de Honor de la Catedral sirio-católica de Bagdad, con fecha del 5 de marzo de 2021 y el siguiente mensaje:

“Penitente y peregrino de la fe y de la paz en Iraq pido que, por intercesión de la Virgen María, Dios conceda a este pueblo la fuerza para reconstruir el país unidos en la fraternidad”.

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