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“Redescubrirnos más unidos, más cercanos a los que sufren, sentirnos como hermanos para superar juntos la crisis mundial causada por la pandemia”. Al principio de la entrevista con el noticiero italiano Tg5, el Papa Francisco reiteró que “uno nunca sale de una crisis igual que antes, nunca. Salimos mejor o salimos peor”. Para el Papa, “hay que hacer la revisión de todo. Los grandes valores siempre están ahí en la vida, pero los grandes valores deben ser traducidos a la vida del momento”.

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A continuación, enumera una serie de situaciones dramáticas, desde los niños que sufren de hambre y no pueden ir a la escuela hasta las guerras que trastornan muchas zonas del planeta. “Las estadísticas de las Naciones Unidas”, subraya, “son aterradoras en esto. Advierte que, si salimos de la crisis “sin ver estas cosas, la salida será otra derrota”. Y será peor. Veamos sólo estos dos problemas: los niños y las guerras”.

La vacunación es una acción ética

El Papa responde entonces a una pregunta del periodista Fabio Marchese Ragona sobre las vacunas. “Yo – afirma – creo que éticamente todos deben tomar la vacuna. No es una opción, es una acción ética. Porque juegas con tu salud, juegas con tu vida, pero también juegas con la vida de los demás. Y explica que en los próximos días las vacunas comenzarán en el Vaticano y él también ha hecho una “reservación” para esto. “Sí, debe hacerse”, repite, “si los médicos lo presentan como algo que puede ir bien y que no tiene peligros especiales, ¿por qué no tomarlo? Hay una negación suicida en esto que no puedo explicar”.

Para el Pontífice, este es el momento de “pensar en el nosotros y borrar el yo por un período de tiempo, ponerlo entre paréntesis. O nos salvamos todos con el “nosotros” o nadie se salva”. Sobre esto habla largamente ofreciendo su reflexión sobre el tema que le es tan querido de la fraternidad. “Este – observa – es el desafío: hacerme cercano al otro, cercano a la situación, cercano a los problemas, hacerme cercano a la gente”. El enemigo de la cercanía es “la cultura de la indiferencia”… Se habla, señala, “de una saludable indiferencia ante los problemas, pero la indiferencia no es saludable. La cultura de la indiferencia destruye, porque me distancia”.

Es el “tiempo del nosotros” para superar la crisis

“La indiferencia nos mata, porque nos distancia. En cambio, la palabra clave para pensar en las formas de salir de la crisis es la palabra “cercanía”. Si no hay unidad, no hay cercanía, advierte el Papa, “se pueden crear tensiones sociales incluso dentro de los Estados”. Así, habla de la “clase dirigente” en la Iglesia como en la vida política. En este momento de crisis, exhortó, “toda la clase dirigente no tiene derecho a decir yo… debe decir nosotros y buscar la unidad frente a la crisis”.

En este momento, reafirma con fuerza, “un político, un pastor, un cristiano, un católico, incluso un obispo, un sacerdote, que no tiene la capacidad de decir nosotros en lugar de yo, es porque no está a la altura de la situación”. Y añade que “los conflictos en la vida son necesarios, pero en este momento deben dar lugar a unas vacaciones”, dar lugar a la unidad “del país, de la Iglesia, de la sociedad”.

El aborto es un asunto humano

Por otro lado, el Santo Padre señaló que la crisis causada por la pandemia ha exacerbado aún más la “cultura del descarte” de los más débiles, ya sean pobres, migrantes o ancianos. Se centra especialmente en el drama del aborto que descarta a los niños no deseados. “El problema del aborto”, advierte, “no es un problema religioso, es un problema humano, pre-religioso, es un problema de ética humana” y luego religioso. “Es un problema que incluso un ateo debe resolver en su conocimiento.” “¿Es correcto”, pregunta el Pontífice, “acabar con una vida humana para resolver un problema, cualquier problema? ¿Es correcto contratar a un asesino a sueldo para resolver un problema?”

El Papa no deja de comentar los dramáticos acontecimientos en el Capitolio el pasado 6 de enero. Confesó que estaba “asombrado”, considerando la disciplina del pueblo de los Estados Unidos y la madurez de su democracia. Sin embargo, señala, incluso en las realidades más maduras, siempre hay algo malo cuando hay “gente que toma un camino contra la comunidad, contra la democracia, contra el bien común”.

La fe, un regalo para pedirle al Señor

El Papa finalmente responde cómo él personalmente está experimentando las restricciones debido a la pandemia. Confiesa que se siente “enjaulado”, se detiene en los viajes, cancelados para evitar las multitudes, habla de la esperanza de visitar Irak. En este tiempo, dedica más tiempo a la oración, a hablar por teléfono y reitera lo importante que fueron para él algunos momentos, como la Statio Orbis en San Pedro el pasado 27 de marzo, “una expresión de amor a todas las personas” y que hace que uno “vea nuevas formas de ayudarse mutuamente”.

Así, ofrece una reflexión sobre la fe en el Señor, la cual – dice – es ante todo “un regalo”. “Para mí”, dice, “la fe es un regalo, ni tú, ni yo, ni nadie puede tener fe por su propia fuerza: es un regalo que el Señor te da”, que no se puede comprar. Retomando entonces un pasaje del Deuteronomio, el Papa Francisco exhorta a invocar la “cercanía de Dios”. Esta cercanía “en la fe es un regalo que debemos pedir”. La entrevista concluye con la esperanza de que en 2021 “no haya desperdicio, que no haya actitudes egoístas” y que la unidad pueda prevalecer sobre el conflicto.

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