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La agencia SIR conversó con el Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, Arzobispo de Trujillo y actual Presidente del Episcopado Peruano, sobre el impacto de la propagación del COVID-19 en América Latina. En la entrevista, Mons. Cabrejos expresó su gran preocupación, tanto por la situación de la salud como por las consecuencias sociales que provoca la pandemia en el continente, además de mostrar su inquietud por la forma en que algunos gobiernos están manejando la pandemia.

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Esta es la tormenta perfecta para América Latina. Estamos a la altura de los contagios, todo el continente americano, empezando por los Estados Unidos, se ha convertido en el epicentro actual del COVID-19. Pero, al mismo tiempo, ya no es posible mantener a las personas en cuarentena, después de meses de restricciones, justo cuando sería aún más necesario”, sostuvo el Presidente del CELAM.

A continuación, la entrevista completa:

Su Excelencia, todo el tiempo se está dando cuenta de que América Latina se ha convertido en el epicentro de los contagios. ¿Qué nos puede contar al respecto?

Sí, las perspectivas no son buenas para todo el continente americano, que no me gusta mantener separado de los Estados Unidos. Los datos son conocidos, pero aunque las cifras oficiales son muy altas, no parecen reflejar la gravedad de la situación en algunos países. Por ejemplo, en Perú, Chile, Brasil mismo, se hizo un mayor número de hisopos. Probablemente no se pueda decir lo mismo de Argentina, Bolivia, Ecuador, Panamá, incluso claramente la situación no se puede entender completamente.

Brasil y México son dos países grandes, y lo que viene no es una buena señal. México tiene una tasa de mortalidad del 10 por ciento en comparación con los infectados, probablemente se han realizado pocos hisopos. Perú y Chile, por otro lado, tienen muchas personas infectadas y una tasa de mortalidad más baja.

La emergencia sanitaria cruza la económica, ¿cómo salir de ella?

Ya antes de la llegada del virus experimentamos una situación económica muy difícil. El Fondo Monetario Internacional dijo que América Latina es el área de menor crecimiento en el mundo, y CEPAL (la Comisión de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe) ha denunciado que los últimos cinco años han sido los peores desde el año setenta. Conocemos la crisis política y social de varios países, Venezuela sobre todo, pero también la situación de la deuda argentina. Estas son crisis estructurales, tratadas hasta ahora con políticas a corto plazo. El empeoramiento del problema económico corre el riesgo de crear tensiones sociales, después de las del otoño pasado. Ya en los últimos días, ha habido protestas en Ecuador.

Y luego sigue existiendo la situación inadecuada de los sistemas de salud, como lo ha destacado la llegada de COVID-19…

Sobre todo, está el tema de la vacuna, cuándo llegará. ¿Cómo se garantizará el acceso a nuestras poblaciones pobres? América Latina está habitada por 400 millones de personas.
El nivel de salud pública, en muchos casos, es incomprensible e inhumano. ¡Muchos hospitales se han derrumbado! ¡Muchos!

El gran aporte de la Iglesia

En esta difícil situación, destaca la obra de caridad de la Iglesia, ¿puede contarnos al respecto?

La Iglesia ha trabajado sobre todo en el ámbito de la salud y la caridad, con sus diversos cuerpos pastorales … Caritas, pastoral social, tanto a nivel de diócesis nacional como individual, congregaciones religiosas y asociaciones. Muchos se han organizado sobre todo para brindar ayuda en alimentos y necesidades básicas, comedores … Esto resalta que los gobiernos también pueden hablar de reactivación económica, pero el punto central sigue siendo el trabajo, si falta no comerá.

Entre todas las áreas del continente, Panamazonía se preocupa especialmente, y en particular la población indígena, particularmente expuesta al virus. ¿Es esta también tu preocupación y la de Celam?

Es, de hecho, un asunto muy serio, el número de personas infectadas ha aumentado enormemente, he tenido la oportunidad de hablar al respecto con Mauricio López, el secretario ejecutivo de REPAM, la Red Eclesial Pan-Amazónica.

Este organismo está haciendo un gran trabajo, también en colaboración con Celam. También hay algunos ejemplos muy concretos, por ejemplo, el de Iquitos, Perú, donde la Iglesia ha comprado oxígeno, respiradores y ventiladores para pacientes con Covid-19. Debo decir que, dentro de la gran preocupación que estamos experimentando, el nacimiento del organismo episcopal pan-amazónico, el resultado del reciente Sínodo, es motivo de esperanza.

El drama de los migrantes

Otra preocupación son los migrantes, tanto en América del Sur, con el movimiento de venezolanos como en América Central. También en este caso, ¿Se enfrenta la Iglesia a la emergencia?

A nivel continental, conectado a Celam, existe la red Clamor, que agrupa a todos los sujetos involucrados en la asistencia y recepción de migrantes. Está haciendo lo mejor que puede. En Perú, por ejemplo, hay más de un millón de venezolanos, y el drama es que ahora no tienen trabajo, es realmente un drama. Y a menudo entre los migrantes hay mujeres y niños.

El Papa no perdió sus llamamientos, y en la carta a los movimientos populares lanzó la propuesta de un salario universal …

Su proximidad es realmente genial y lo sentimos. El domingo 31 de mayo, en el Ángelus, refiriéndose a la Amazonía, habló de la primacía de la persona, que es el templo del Espíritu Santo, en comparación con la economía, que no lo es. Al igual que Celam, estamos tratando de dar la bienvenida a sus propuestas y llevarlas a los gobiernos. Puedo hablar de la experiencia que estamos teniendo en Perú, de redes y colaboración, especialmente en cinco áreas: ayuda humanitaria, reflexión, acompañamiento, conciencia, capacitación y espiritualidad, comunicación, impacto y vigilancia social.

¿Qué Iglesia se puede vislumbrar, especialmente en el continente latinoamericano, a partir de la experiencia que estamos viviendo?

Noté un camino maravilloso, la Iglesia no será la misma que antes. Ciertamente hay un camino sinodal que nos enfrenta y que estamos viviendo como Celam, dentro de un replanteamiento de nuestra estructura. Al mismo tiempo,Todos debemos sentirnos parte de la misma Iglesia universal y caminar juntos: obispos, sacerdotes, religiosos, laicos … Esto es lo que intentaremos hacer en la conferencia programada para la segunda mitad del próximo año en la Ciudad de México, para conmemorar la Conferencia de Aparecida.

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