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  • Comentario de la Semana (11 de octubre – 15 de octubre)

El pedido de los hijos de Zebedeo a Jesús, en camino a Jerusalén, descubre la dificultad humana para entender los Caminos de Dios. Esa circunstancia permite a Jesús aclarar el tema del poder que no es solo mandar, menos dominar, sino “servir”.

Ciertamente la autoridad y precisando -la autoridad legítima-, es requerida para que una sociedad se desarrolle “ordenada y fecunda”[1] porque por su propia naturaleza el ser humano la exige y la comunidad lo necesita[2], sin embargo, el modo como ha de realizarse está marcado claramente por el ejemplo de Cristo, tal como lo presenta San Pablo en la Carta a los Filipenses y San Juan en su Evangelio: es un ponerse en actitud de servicio listos para lavar los pies a los hermanos.

La autoridad fuente es Dios. A Él le debemos obediencia total. En la Biblia este término es más dinámico y existencial, por eso se expresar muchas veces con los verbos oír y escuchar: “si realmente escuchas al Señor tu Dios y cumples sus mandamientos que hoy te ordeno, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra” (Dt 28,1). El creyente aprende a escuchar a un Dios que siempre “habla a su Pueblo” (cf. Is 1,2).

El Papa Francisco nos recuerda que: “En cada época, los que tienen autoridad en el pueblo de Dios pueden sentir la tentación de seguir su propio interés en lugar del de Dios. Pero la viña es del Señor, no nuestra. La autoridad es un servicio, y como tal debe ser ejercida, para el bien de todos y para la difusión del Evangelio”.[3]

P. Guillermo Inca Pereda
Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal Peruana


[1] Cf CIC n. 1897
[2] Cf CIC n. 1898
[3] Papa Francisco. Roma, 4 de octubre de 2020


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