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La Diócesis de Chiclayo, en el norte del Perú, fue escenario la tarde de este miércoles de la Santa Misa de clausura de la 34.ª Jornada Mundial del Enfermo. La celebración se llevó a cabo en el Santuario Nuestra Señora de la Paz y fue presidida por el Cardenal Michael Czerny, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

La elección de Chiclayo como sede de este encuentro internacional reviste un significado especial por su estrecha vinculación con la Santa Sede, al tratarse de la jurisdicción eclesiástica donde el actual Santo Padre, el Papa León XIV, entonces Monseñor Robert Prevost, ejerció su ministerio episcopal.

Durante la ceremonia, Monseñor Edinson Farfán, Obispo de Chiclayo, destacó la profunda relación entre la realidad pastoral local y el magisterio pontificio. En su intervención, recordó el saludo que el Papa León XIV dirigió a la diócesis tras su elección: «Un saludo a todos y, en modo particular, a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo».

Según el prelado, la designación de Chiclayo como sede de la Jornada responde a la experiencia directa y al conocimiento pastoral que el Santo Padre adquirió durante sus años de servicio misionero en la región, así como al testimonio de fe y compromiso de su pueblo.

El Obispo de Chiclayo destacó que, en su mensaje para esta Jornada Mundial del Enfermo, el Santo Padre «constató cómo muchas personas viven y practican la misericordia y la compasión al estilo del buen samaritano y del posadero». Asimismo, calificó los días previos de actividades como un verdadero Kairós, un tiempo de gracia en el que la Iglesia ha podido reconocer la presencia de Dios a través de quienes «entregan su tiempo y sus energías para acompañar, aliviar y cargar el dolor del prójimo».

Cardenal Czerny: “Mirar con los ojos de Dios”

En continuidad con el espíritu de la Jornada, el Cardenal Michael Czerny transmitió durante su homilía el saludo personal del Papa León XIV a su antigua diócesis de Chiclayo, subrayando el vínculo afectivo y pastoral del Santo Padre con esta Iglesia local.

El momento central de su reflexión estuvo marcado por una profunda invitación a despojar al amor cristiano de toda abstracción teórica. El purpurado enfatizó que «el amor que carga con el dolor del otro no puede reducirse a una mera idea, fruto de reflexiones teológicas o sociológicas», sino que encuentra su auténtica credibilidad en la experiencia personal de fe y en los hechos concretos donde ese amor se expresa «en acción».

A partir de las figuras bíblicas del profeta Isaías, el centurión romano y el apóstol Santiago, el Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral reflexionó sobre la estrecha relación entre dolor, sanación y esperanza cristiana. Señaló que el hilo conductor de estos testimonios es la experiencia del amor de Dios, que al asumir el sufrimiento ajeno genera vida, consuelo y salvación.

En este marco, el Cardenal Czerny desarrolló tres ideas centrales, inspiradas en la Palabra de Dios y en el Mensaje del Papa León XIV, orientadas a renovar la acción pastoral de la Iglesia en el acompañamiento a los enfermos.

En primer lugar, destacó que el amor que sana implica un camino personal de conversión, pues quien decide asumir el dolor del otro es llamado a transformar su manera de pensar, sentir y actuar. A partir del ejemplo del profeta Isaías y su cambio de anuncio hacia el rey Ezequías, el purpurado subrayó que amar significa aprender a mirar con los ojos de Dios, no quedarse en diagnósticos desesperanzadores, sino estar siempre dispuestos a ofrecer esperanza. En esa línea, recordó que ser prójimo no depende de la cercanía, sino de la decisión libre de amar, permitiendo que el sufrimiento del hermano transforme la propia vida.

Como segundo eje, el Cardenal remarcó la dimensión comunitaria del cuidado de los enfermos, señalando que la compasión cristiana va más allá del esfuerzo individual y se fortalece cuando se vive como una misión compartida. Citando la exhortación del apóstol Santiago a orar por los enfermos y ungirlos en nombre del Señor, resaltó el valor del trabajo conjunto dentro de la Iglesia, especialmente a través de los sacramentos de sanación. Evocó también la experiencia de Lourdes como signo de cómo la suma de ministerios, servicios y carismas permite ofrecer una respuesta más amplia y solidaria al sufrimiento humano, poniendo a la Virgen María como modelo de cooperación fraterna y entrega.

Finalmente, recordó que el servicio al prójimo constituye una expresión concreta y verificable del amor a Dios, exhortando a renovar el compromiso pastoral con los más frágiles como camino privilegiado de evangelización y testimonio cristiano.

Participación regional y comunión eclesial

La XXXIV Jornada Mundial del Enfermo contó con la participación de delegaciones de la pastoral de la salud provenientes de diversas conferencias episcopales de América Latina y el Caribe.

Durante el rito central de la Eucaristía, se administró el sacramento de la Unción de los Enfermos a cerca de 300 personas. El Cardenal Michael Czerny, junto a los obispos concelebrantes, recorrió el Santuario Nuestra Señora de la Paz para impartir la imposición de manos y la unción con el óleo sagrado, en un gesto de cercanía, consuelo y esperanza hacia los fieles enfermos y sus familias.

Entre los concelebrantes se encontraban Monseñor Paolo Rocco Gualtieri, Nuncio Apostólico en el Perú, así como los miembros de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP): Monseñor Jorge Izaguirre, Primer Vicepresidente y Obispo de Chosica; Monseñor Luis Alberto Barrera, Segundo Vicepresidente y Obispo del Callao; y Monseñor Antonio Santarsiero, Secretario General y Obispo de Huacho.

La amplia representación eclesial incluyó a Monseñor Lizardo Estrada, Obispo Auxiliar del Cusco y Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), además de Monseñor Richard Alarcón, Arzobispo del Cusco; Monseñor Alfredo Vizcarra, Arzobispo de Trujillo; Monseñor Víctor Villegas, Obispo de Chota; y los obispos de Ica, Monseñor Héctor Vera; de Chulucanas, Monseñor Cristóbal Mejía; de Tarma, Monseñor Timoteo Solórzano; y de Carabayllo, Monseñor Neri Menor. Asimismo, participaron Monseñor Pedro Castro, Obispo Coadjutor de San Ramón, y Monseñor Francisco Lalupú, Obispo Auxiliar de Trujillo.

Colaboración multisectorial y agradecimientos

La organización subrayó la relevancia de la colaboración interinstitucional para el desarrollo exitoso de la Jornada. En ese contexto, Monseñor Edinson Farfán expresó su agradecimiento a la Policía Nacional del Perú, al Gobierno Regional de Lambayeque, a la Municipalidad Provincial de Chiclayo, así como a entidades privadas como la Cámara de Comercio de Lambayeque y la Empresa Agroindustrial Pomalca.

“El fruto de esta Jornada es posible gracias a personas generosas que han colaborado incluso desde el anonimato, para que este encuentro se celebre de la mejor manera”, señaló el obispo.

La XXXIV Jornada Mundial del Enfermo concluyó reafirmando el compromiso de la Iglesia con la evangelización del mundo del sufrimiento y el fortalecimiento de la pastoral de la salud. En sus palabras finales, el Cardenal Czerny exhortó a renovar la atención integral a los enfermos: «Quede esto escrito para el tiempo futuro, y un pueblo renovado alabe al Señor».

La jornada contó con el valioso respaldo técnico y logístico del Ministerio de Salud (MINSA), EsSalud y la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, instituciones que contribuyeron de manera decisiva al desarrollo de las acciones sociosanitarias previstas en el marco de este encuentro.

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