Más de 120 comunicadores de las 46 jurisdicciones eclesiásticas del Perú se reunieron en la ciudad imperial para reflexionar sobre la misión de la Iglesia en el mundo digital, en el marco de la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.
Por Gunther Félix
Pocas ciudades del mundo llevan grabadas en sus piedras tantas huellas de fe, arte e historia como el Cuzco. En cada cuadra del centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, la Iglesia Católica dejó una huella que el tiempo no ha logrado borrar. Allí se alza la Catedral, construida a lo largo de casi cien años sobre los cimientos del antiguo palacio de Inca Wiracocha; el convento de Santo Domingo, levantado sobre el Qorikancha, el venerado templo del sol; y la iglesia de La Compañía de Jesús, con su fachada barroca mestiza que igual en belleza a la propia Catedral.
Ni que hablar de los lienzos de la Escuela Cusqueña que vistieron de oro y rasgos andinos a los ángeles y a los santos. El Cuzco no es únicamente una ciudad llena de templos. Su historia, sus festividades y su identidad conservan una profunda impronta religiosa que sigue viva en sus calles y en la memoria de su gente. Basta ver lo que ocurre cada año. Durante la Semana Santa, la ciudad se llena de procesiones, rezos y expresiones de fe. Y apenas pasada la Pascua, junio trae consigo el Corpus Christi, una de las celebraciones más emblemáticas del catolicismo latinoamericano. Los 15 santos y vírgenes patronos de parroquias son llevados en andas hasta la plaza de armas, en una manifestación de fe que también es encuentro, tradición y memoria compartida.
No es casual, entonces, que esta ciudad acogiera el Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos 2026. Más de 120 comunicadores de las 46 jurisdicciones eclesiásticas del país se reunieron el sábado 30 de mayo en el paraninfo de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cuzco. Convocados por la Comisión Episcopal de Comunicación de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), llegaron obispos, responsables de oficinas de comunicación, sacerdotes, religiosos, religiosas, obispos y jóvenes misioneros digitales.
Entre ellos estuvieron Mons. José Antonio Alarcón Gómez, obispo de Huaraz, y Mons. Marco Antonio Cortez Lara, obispo de Tacna y Moquegua, ambos vicepresidentes de la Comisión Episcopal. Distintas vocaciones y experiencias se dieron cita para responder una misma pregunta: cómo anunciar hoy el Evangelio en un entorno cada vez más influido por las redes sociales, los algoritmos y la inteligencia artificial.
Las actividades habían comenzado la tarde del viernes 29 de mayo en la Casa de Convivencia San Juan Pablo II. Allí, Mons. Edinson Farfán Córdova, OSA, obispo de Chiclayo y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación, dio la bienvenida a las delegaciones llegadas de todo el país y animó a los participantes a asumir la comunicación como una auténtica misión eclesial al servicio de la verdad y del encuentro. La jornada inaugural incluyó también una primera ponencia de Mons. Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, titulada «La importancia de la comunicación como instrumento de evangelización», en la que ofreció una mirada introductoria sobre el papel de la comunicación en la vida y misión de la Iglesia.


“Ustedes custodian voces y rostros humanos”
La mañana siguiente, ya en el paraninfo de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cuzco, Mons. Edinson Farfán Córdova presidió la apertura de la jornada principal del encuentro. “Me llena de profunda alegría ver delegaciones de distintas jurisdicciones eclesiásticas, profesionales que sirven a la Iglesia desde diversos campos. Ustedes son hombres y mujeres comprometidos en defender y difundir la fe, la verdad y la imagen de Dios y de su Iglesia, custodiando voces y rostros humanos”, dijo el obispo.
En su discurso, Mons. Farfán habló del riesgo de una cultura digital que puede erosionar la capacidad humana de pensar y relacionarse, de hombres y mujeres que se forman en la cultura de la imagen y la voz ficticias. Citó al papa León XIV para señalar que el desafío no es detener la innovación, sino guiarla con tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación. Y mencionó la primera encíclica del nuevo pontificado, la Magnifica Humanitas, como el horizonte doctrinal desde el que la Iglesia está respondiendo a la revolución de la inteligencia artificial.
“Somos una Iglesia multicanal que sabe dialogar con la cultura de hoy desde la base de la pastoral parroquial y los movimientos laicales”, afirmó.


“Los comunicadores están en la primera línea”
Mons. Carlos García Camader, obispo de Lurín y presidente de la CEP, dedicó también algunas palabras en un video para los participantes del encuentro. “En un mundo donde la inteligencia artificial puede simular palabras, imitar sentimientos y reproducir rostros con asombrosa precisión, ustedes, los comunicadores, están en la primera línea de una tarea profundamente humana”, señaló.
Y agregó: “Los animo a no perder su propia voz en un ecosistema donde proliferan los contenidos anónimos generados por máquinas y sin autoría ni amor. La Iglesia los necesita hablando desde la fe, desde la experiencia vivida, desde el encuentro genuino con el otro. Esa autenticidad es hoy un testimonio en sí mismo y ningún algoritmo podrá reemplazarla”.
El presidente de la CEP también habló de los nuevos desafíos, como la tendencia a difundir sin verificar, a medir el éxito en likes, a reemplazar la escucha pastoral por respuestas rápidas. Su llamado fue a poner siempre a la persona concreta, con su nombre, su historia, su dignidad, en el centro de cada mensaje.
Sesenta años de Magisterio
La primera ponencia estuvo encabezada por Mons. Lucio Ruiz. Bajo el título “La Comunicación en el Magisterio de la Iglesia”, el invitado internacional recorrió más de seis décadas de doctrina eclesial.
El itinerario partió de la Inter Mirifica del Concilio Vaticano II en 1963, medios como instrumentos al servicio de la misión, y avanzó por la Communio et Progressio de Pablo VI en 1971, que dio el primer giro conceptual importante: los medios no son solo herramientas, sino espacios donde la Iglesia se manifiesta y dialoga con el mundo. Posteriormente habló sobre la Evangelii Nuntiandi de 1975, que amplió el horizonte hacia la cultura; la Redemptoris Missio de Juan Pablo II en 1990, que introdujo la necesidad de integrar el mensaje en la nueva cultura creada por la comunicación moderna, y Benedicto XVI en 2011, quien advirtió sobre el impacto de los nuevos lenguajes en el modo de pensar y vivir.
El salto más radical, señaló Mons. Ruiz, llegó con el papa Francisco en 2019. Ya no se trata de usar instrumentos digitales para anunciar el Evangelio, sino de evangelizar una cultura que es, en sí misma, digital. ás adelante, el Sínodo de la Sinodalidad reforzó esa convicción al recordar que no es posible evangelizar la cultura digital sin antes habitarla, conocer sus dinámicas y comprender sus lenguajes. En ese recorrido, añadió, la Magnifica Humanitas del papa León XIV representa un nuevo paso y abre un horizonte renovado para la misión de la Iglesia en el entorno digital.

Tres perspectivas sobre el mensaje papal
Entre las dos ponencias de Mons. Ruiz, el encuentro abrió espacio a un panel que reunió miradas diversas sobre el mensaje del papa León XIV para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: “Custodiar voces y rostros humanos”. Lo moderó Adriana Fajardo, secretaria ejecutiva de la Comisión Episcopal de Comunicación.
Mons. Lizardo Estrada OSA, obispo auxiliar del Cuzco y secretario general del CELAM, aportó la perspectiva latinoamericana y sinodal. La Mag. Mónica Villanueva, vicepresidenta de Signis Perú, habló desde la experiencia concreta de quienes trabajan cada día en la comunicación católica. Y Yhobany Venegas, docente de la UNSAAC, analizó los desafíos éticos y culturales de la inteligencia artificial desde la academia.

La misión digital según el Sínodo
En su segunda ponencia, Mons. Ruiz presentó la síntesis del Informe Final del Grupo de Estudio 3 del Sínodo de la Sinodalidad, elaborado con la participación de comunicadores de conferencias episcopales de todo el mundo, misioneros digitales de 67 países y grupos de jóvenes de entre 25 y 35 años.
En palabras del secretario del Dicasterio para la Comunicación, el entorno digital es una cultura con lenguajes y dinámicas propias, no un canal más para distribuir contenidos ya producidos para otros formatos. Los espacios digitales son lugares donde personas reales expresan búsquedas espirituales genuinas y esperan acompañamiento, no solo información. Y la misión digital implica humanizar la red, lo que significa presencia, escucha y relación, no solo publicación.
Mons. Ruiz marcó una distinción que varios comunicadores reconocieron como clave para su propio trabajo: la diferencia entre digitalizar la pastoral (subir a internet lo que ya se hacía en formato analógico) y hacer verdadera pastoral digital, que implica pensar y actuar desde la lógica propia del entorno.
“La misión en el entorno digital forma parte del proceso de conversión pastoral al que el Espíritu Santo está llamando hoy a la Iglesia”, afirmó.

Inteligencia artificial con criterio pastoral
Si las ponencias de Mons. Ruiz dieron al encuentro su profundidad doctrinal, el taller de Stiven Mego le dio su dimensión más práctica e inmediata. El responsable de comunicaciones de la Pastoral Juvenil Latinoamericana del CELAM, tomó el micrófono para explicar cómo usar las herramientas de inteligencia artificial de manera pastoral y responsable.
Antes de mostrar algunas de estas innovadoras herramientas, Mego propuso tres preguntas de discernimiento que deberían preceder cualquier uso de IA en la comunicación eclesial: ¿me ayuda a comunicar mejor la verdad?, ¿me ayuda a cuidar el rostro humano de las personas?, ¿me ayuda a servir mejor a la comunidad?
La metodología del taller fue la fórmula PASTOR para construir instrucciones eficaces a los sistemas de inteligencia artificial: Propósito, Audiencia, Situación, Tono, Orden y Revisión. Mego aplicó la fórmula en base a la necesidad de cada iniciativa pastoral: cómo invitar a jóvenes alejados a una celebración, cómo preparar el guion de un programa de radio diocesana, cómo adaptar un comunicado institucional para distintas plataformas. En cada caso mostró cómo una instrucción bien construida produce mejores resultados.
También fue enfático al mencionar que el comunicado no debe copiar y pegar sin revisar. No atribuir al Santo Padre ni a santos citas que la máquina inventó. No generar imágenes que simulen hechos no ocurridos. No medir el éxito solo por el alcance.
En el marco del encuentro, la Comisión Episcopal lanzó de manera oficial la convocatoria de una nueva edición del Premio Nacional de Comunicación Cardenal Juan Landázuri 2026, reconocimiento histórico a la labor comunicadora al servicio de la Iglesia en el Perú.


Comunicar en red, caminar en comunión
El domingo 31 de mayo comenzó con la dinámica sinodal de la Conversación en el Espíritu. En grupos pequeños, los participantes compartieron las experiencias de comunicación de sus propias jurisdicciones, hablaron de aquello que funciona, de los desafíos que enfrentan y de las necesidades que aún persisten. Fue un ejercicio de escucha mutua inspirado en el camino sinodal que la Iglesia viene recorriendo. El plenario posterior permitió recoger preocupaciones comunes y convertirlas en propuestas para el trabajo futuro.
Entre los temas que surgieron con mayor fuerza estuvieron la necesidad de promover espacios permanentes de formación, dar continuidad a encuentros y espacios de escucha, impulsar una red sinodal de comunicadores y fomentar un mayor hermanamiento entre las áreas de comunicación de diócesis, parroquias e instituciones eclesiales. También se destacó la importancia de compartir experiencias, recursos y buenas prácticas para afrontar juntos los desafíos de la evangelización en el entorno digital.
En ese mismo espíritu de comunión y articulación, Gunther Félix, de la Oficina de Prensa de la CEP, presentó los recursos y criterios de la comunicación institucional del episcopado peruano y renovó la invitación a fortalecer el trabajo coordinado entre las distintas jurisdicciones.
Ese trabajo colaborativo también se reflejó en la organización del encuentro. Gracias al apoyo del Arzobispado del Cuzco, las principales ponencias y actividades fueron transmitidas en vivo, permitiendo que comunicadores, agentes pastorales y fieles de diversas regiones del país siguieran las jornadas a través de las plataformas digitales.


Asimismo, presentó el Concurso Nacional León de la Esperanza, una iniciativa impulsada por el Instituto Nacional de Radio y Televisión del Perú – IRTP con el apoyo de la Conferencia Episcopal Peruana y el Arzobispado de Lima, que busca elegir una canción dedicada al primer año de pontificado del papa León XIV. La propuesta despertó especial interés entre los participantes, no solo por su dimensión artística y evangelizadora, sino también porque, como señaló el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, la obra ganadora podría convertirse en un himno para acompañar la visita apostólica que el Santo Padre realizará al Perú en noviembre próximo.
El Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos 2026 cerró con una Eucaristía celebrada en el Seminario del Cuzco, presidida por Mons. Edinson Farfán OSA. La Misa de Clausura fue concelebrada por Mons. José Antonio Alarcón Gómez, obispo de Huaraz, y Mons. Marco Antonio Cortez Lara, obispo de Tacna y Moquegua.
Los comunicadores regresaron a sus jurisdicciones, congregaciones y parroquias con herramientas nuevas, contactos renovados y una convicción que el encuentro había ido depositando, ponencia a ponencia, conversación a conversación. En un mundo donde la inteligencia artificial puede simular casi todo, el testimonio auténtico, la escucha paciente y el encuentro genuino siguen siendo insustituibles. Y eso es precisamente lo que la Iglesia tiene para ofrecer al espacio digital.
