Durante la misa de apertura del Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos 2026, el secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano exhortó a los comunicadores a custodiar la dignidad humana, buscar la verdad y promover la esperanza en medio de una sociedad polarizada.
“Dios sigue pronunciando palabras de vida y esperanza en medio de un mundo saturado de ruido, de superficialidad y muchas veces de fake news”. Con esta reflexión, Mons. Lizardo Estrada Herrera, OSA, obispo auxiliar del Cusco y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano, inauguró el Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos 2026 durante la celebración eucarística realizada en la Basílica Catedral del Cusco.
La Eucaristía fue concelebrada por Mons. Edinson Farfán Córdova, OSA, obispo de Chiclayo y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación; Mons. José Antonio Alarcón Gómez, obispo de Huaraz; Mons. Marco Antonio Cortez Lara, obispo de Tacna y Moquegua; Mons. Lucio Adrián Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, así como sacerdotes provenientes de diversas jurisdicciones eclesiásticas del país.
Ante comunicadores, periodistas, responsables de oficinas de prensa y agentes de evangelización digital llegados de diversas regiones del Perú, el prelado recordó que toda auténtica comunicación nace de Dios y conduce al encuentro con el otro, contribuyendo a humanizar y dignificar la sociedad.
Durante su homilía, señaló que la misión del comunicador católico va más allá de transmitir información o dominar herramientas tecnológicas. “El comunicador católico está llamado a custodiar la dignidad humana a través de la palabra, de la imagen y de la única verdad que es Jesucristo, el Verbo encarnado”, afirmó.

Custodiar voces y rostros humanos
Mons. Estrada destacó el mensaje del papa León XIV para la 60° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, especialmente su llamado a “custodiar voces y rostros humanos” en un contexto marcado por el avance de la inteligencia artificial, los algoritmos y la velocidad de la información.
“El rostro y la voz de cada persona son sagrados porque manifiestan la identidad irrepetible de cada ser humano creado a imagen y semejanza de Dios”, recordó.
En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de una comunicación despersonalizada que convierta a las personas en cifras, tendencias o simples consumidores digitales. Por ello, insistió en que la tecnología nunca podrá reemplazar el corazón humano ni la verdad que surge del encuentro.

Comunicar esperanza y generar comunión
El secretario general del CELAM exhortó a los comunicadores a ejercer su labor desde la escucha, el discernimiento y la búsqueda permanente de la verdad.
“Necesitamos comunicadores valientes que sepan escuchar antes de hablar, que busquen la verdad antes que el impacto y que privilegien la dignidad humana antes que la viralización”, expresó.
Asimismo, subrayó la necesidad de comunicar esperanza y generar comunión en una sociedad cada vez más fragmentada. “La Iglesia en el Perú necesita discípulos misioneros capaces de humanizar la comunicación y, por ende, la sociedad”, señaló.

Una comunicación con rostro de pueblo
Al referirse al significado de celebrar este encuentro en la ciudad del Cusco, destacó que la comunicación también implica valorar las raíces culturales, las lenguas y las tradiciones de los pueblos.
“La comunicación no puede alejarse del pueblo. Debe tener olor a pueblo, rostro de pueblo y corazón de pastor”, afirmó.
Mons. Estrada invitó además a los participantes a preguntarse constantemente si están comunicando desde la cercanía y el Evangelio o desde la distancia y la subjetividad, recordando que la misión del comunicador católico no consiste en ganar discusiones, sino en abrir caminos de encuentro que conduzcan a Cristo.
Al concluir la celebración, pidió que este Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos sea una experiencia espiritual que fortalezca la vocación de quienes trabajan en el ámbito de la comunicación eclesial y que se convierta en “un verdadero Pentecostés para la comunicación de la Iglesia en el Perú”.
