La Conferencia Episcopal Peruana participa en el VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia y en la primera Asamblea de la Red Eclesial de Comunicación de Latinoamérica y el Caribe, espacios que buscan fortalecer una comunicación evangelizadora con sentido ético y humano.
¿Cómo comunicar el Evangelio en una época marcada por el avance acelerado de la inteligencia artificial? Esa pregunta reúne esta semana en Santiago de Chile a comunicadores, académicos, obispos y agentes pastorales de toda América Latina durante el VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia, un espacio de formación y discernimiento en el que participa la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) junto a representantes de 18 países del continente.
La delegación peruana está integrada por Adriana Fajardo, secretaria ejecutiva de la Comisión Episcopal de Comunicación, y Gunther Félix, de la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Peruana, quienes también participan en la primera Asamblea General Ordinaria de la Red Eclesial de Comunicación de Latinoamérica y el Caribe (Reclac), un paso importante para fortalecer la colaboración entre las oficinas de comunicación de la Iglesia en la región.
El seminario internacional comenzó con un mensaje del Papa León XIV, quien invitó a los participantes a asumir el desarrollo tecnológico con discernimiento espiritual y responsabilidad. El Santo Padre recordó que toda innovación adquiere sentido cuando está al servicio de la persona humana y alentó a promover “una comunicación que sepa custodiar la dignidad de la persona humana y poner cada instrumento al servicio de la verdad y del bien”. Asimismo, pidió que el Espíritu Santo ilumine el trabajo de los comunicadores para que la inteligencia artificial contribuya al encuentro entre las personas y al anuncio del Evangelio.

Comunicar para construir comunidad
La primera conferencia estuvo a cargo del cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago de Chile, quien planteó que el verdadero desafío no es la tecnología, sino el modo en que las personas deciden comunicar en los nuevos entornos digitales.
El purpurado propuso cuatro criterios que deberían orientar toda comunicación eclesial: transmitir la verdad, el bien, la belleza y aquello que resulte verdaderamente útil para las personas. Recordó que la reciente encíclica Magnifica Humanitas no gira en torno a la inteligencia artificial como fenómeno tecnológico, sino a la defensa de la dignidad humana.
Asimismo, advirtió sobre los riesgos de que estas tecnologías profundicen las desigualdades sociales y llamó a desarrollar un pensamiento crítico capaz de discernir su impacto cultural. “Vamos a formar comunidad en una sociedad extraordinariamente individualista”, afirmó, al destacar que la comunicación debe ser un puente de diálogo y fraternidad.

Una tecnología que interpela la visión cristiana de la persona
La reflexión continuó con la ponencia del rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Juan Carlos de la Llera, quien sostuvo que la inteligencia artificial ya no puede entenderse únicamente desde la ingeniería o la informática, pues toca aspectos esenciales de la antropología cristiana y del futuro de la sociedad.
Durante su exposición presentó ejemplos del potencial de estas herramientas en la medicina, la educación y la investigación científica, pero también alertó sobre riesgos como los deepfakes, los sesgos algorítmicos, la proliferación de identidades digitales falsas y el uso indebido de la clonación de voz para cometer fraudes.
Inspirado en los relatos bíblicos de Babel y Pentecostés, propuso dos caminos posibles para la inteligencia artificial: convertirse en un instrumento de uniformidad o favorecer la comunión entre las personas. “Esa decisión no la toma un algoritmo, sino quien comunica”, señaló, invitando a discernir qué tipo de humanidad se quiere preservar en medio de la revolución tecnológica.
Una respuesta sinodal a los desafíos del presente
Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. René Rebolledo Salinas, destacó que el seminario constituye una expresión concreta de la sinodalidad, donde la Iglesia latinoamericana camina unida para discernir los desafíos pastorales del mundo digital.
Retomando las enseñanzas de Magnifica Humanitas, recordó que la dignidad inviolable de la persona humana debe orientar el desarrollo tecnológico y científico. Asimismo, invitó a los participantes a convertirse en “tejedores de esperanza”, capaces de dialogar, escuchar y construir respuestas comunes frente a los cambios culturales que vive la sociedad.

La mirada de la Iglesia peruana
Para Adriana Fajardo, la presencia de la Conferencia Episcopal Peruana en este encuentro fortalece el intercambio de experiencias con las demás Iglesias del continente y contribuye a preparar a los comunicadores para responder a los desafíos del mundo digital desde una perspectiva evangelizadora.
La inteligencia artificial nos desafía a renovar nuestras formas de comunicar sin perder nuestra identidad. Como Iglesia estamos llamados a aprovechar estas herramientas con discernimiento, poniendo siempre en el centro la dignidad de la persona y el anuncio del Evangelio. Este encuentro nos permite aprender juntos y fortalecer la comunión entre las conferencias episcopales de la región”, expresó.
En la misma línea, Gunther Félix destacó que la comunicación eclesial debe responder a los cambios tecnológicos sin renunciar a sus principios fundamentales.
La rapidez con la que evoluciona la tecnología exige comunicadores preparados, con criterio ético y capacidad de discernimiento. Estos espacios nos ayudan a comprender mejor los desafíos de la inteligencia artificial y a impulsar una comunicación cercana, responsable y al servicio de la verdad, especialmente en favor de quienes más necesitan una palabra de esperanza”, opinó.
Tras las jornadas de reflexión, los representantes de la Conferencia Episcopal Peruana participarán en la primera Asamblea General Ordinaria de la Reclac, donde delegados de conferencias episcopales, organismos eclesiales y el Centro para la Comunicación del Celam definirán las líneas de trabajo de esta red continental, llamada a fortalecer una comunicación cada vez más articulada, sinodal y comprometida con la misión evangelizadora de la Iglesia en América Latina y el Caribe.
