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En el marco de la celebración del Domingo de Resurrección, Monseñor Carlos García Camader, obispo de Lurín y presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, presidió la Santa Misa de Pascua, haciendo un firme llamado a construir una auténtica cultura de paz, inspirada en la fe en Cristo resucitado.

Durante su homilía, el prelado destacó que la Pascua es el acontecimiento central de la fe cristiana, en el que Cristo vence a la muerte y ofrece al mundo un camino de reconciliación y esperanza. “Cristo ha resucitado porque ha vencido a la muerte, para que vivamos en paz”, expresó.

En ese contexto, Mons. García Camader advirtió sobre la realidad de violencia, guerra y división que atraviesa el mundo, subrayando que ninguna forma de conflicto puede justificarse. “Donde se gasta en armamentismo y se fomenta el odio, no se puede decir que se actúa en el nombre de Dios”, afirmó, insistiendo en que el verdadero camino cristiano es el del amor y la misericordia.

El presidente del Episcopado Peruano exhortó a los fieles a no responder al mal con más violencia, sino a vencerlo con el bien, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. En esa línea, recordó que la fe se vive en lo cotidiano, a través de gestos concretos de perdón, reconciliación y servicio a los demás.

Asimismo, destacó la importancia de la oración como fuente de fortaleza en medio de las dificultades. “Orar en todo tiempo y en todas circunstancias, no para que se haga lo que yo quiero, sino lo que Dios quiere”, señaló, invitando a confiar en Dios incluso en los momentos de dolor, incertidumbre y sufrimiento.

Mons. García Camader también reflexionó sobre la libertad que brota de la fe, entendida como la capacidad de elegir el bien y construir relaciones basadas en la verdad, la justicia y la caridad. “La fe no se impone, se propone”, recordó, alentando a los creyentes a ser testigos coherentes del Evangelio en la sociedad.

Finalmente, animó a todos los fieles a ser signos visibles de esperanza en medio del mundo, promoviendo una convivencia más fraterna y solidaria. “No estamos llamados a destruirnos, sino a amarnos incluso en nuestras diferencias”, afirmó.

La celebración de la Pascua se convierte así en una invitación a renovar el compromiso con la paz, haciendo presente en la vida diaria el mensaje de Cristo resucitado y contribuyendo a la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y llena de esperanza.

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