El Papa recuerda con gratitud su experiencia pastoral en el Perú y destaca a santo Toribio de Mogrovejo como modelo de cercanía, entrega y servicio a los pueblos del continente
Con motivo del tercer centenario de la canonización de santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina, el papa León XIV dirigió una carta a los obispos del continente en la que los invita a renovar su misión pastoral siguiendo las huellas del segundo arzobispo de Lima.
El mensaje tiene un significado especial para la Iglesia del Perú. El Santo Padre recuerda en su carta la experiencia vivida durante sus años de servicio episcopal en nuestro país y reconoce cuánto recibió de la fe del pueblo peruano.
“Allí conocí de cerca la fe de un pueblo del que recibí mucho y comprendí mejor lo que significa ser pastor”, escribe León XIV, al evocar su experiencia en el Perú. Esta cercanía, señala, lo llevó también a conocer y valorar de manera particular la figura de santo Toribio, quien llegó desde lejos a una tierra que terminó haciendo suya mediante la caridad pastoral.
La carta pontificia, firmada el 8 de septiembre de 2026, propone contemplar el ministerio episcopal a la luz de la vida y el testimonio de santo Toribio, cuya acción pastoral estuvo marcada por el contacto directo con las comunidades, la defensa de los indígenas, la atención a los pobres y sufrientes y el cuidado de la formación del clero.

Un pastor que salió al encuentro de su pueblo
Uno de los primeros aspectos que León XIV destaca es la necesidad de que el obispo conozca de cerca la realidad del pueblo que le ha sido confiado.
El Papa toma como punto de partida algunos de los gestos del rito de recepción de un obispo en su Iglesia catedral. El primero tiene lugar precisamente en la puerta del templo: el pastor entra en una comunidad que ya posee una historia de fe y en la que el Espíritu Santo está actuando.
Para León XIV, esta imagen recuerda que el obispo está llamado a entrar en la historia concreta de su pueblo, conocer sus realidades y caminar junto a sus comunidades.
Santo Toribio vivió esta dimensión misionera recorriendo extensos territorios y procurando que el Evangelio pudiera ser anunciado también en las lenguas locales. Por ello, el Santo Padre invita a los obispos a recuperar toda la fuerza de la visita pastoral, acercándose personalmente a las comunidades, escuchando a sus fieles y buscando especialmente a quienes tienen menos posibilidades de acercarse al obispo.
“El ministerio de un sucesor de los apóstoles exige vivir con el corazón en el cielo y los pies en el camino”, afirma el Pontífice.
Esta expresión resume una de las claves de la carta: una vida episcopal profundamente arraigada en Cristo y, al mismo tiempo, comprometida con la realidad concreta de las personas y comunidades.

Permanecer junto al pueblo en las dificultades
Otro de los signos contemplados por León XIV es la entrega del crucifijo al obispo, gesto que expresa la promesa de una entrega total al servicio del pueblo de Dios.
El Papa relaciona este signo con la vida de santo Toribio, quien hizo de su ministerio una verdadera entrega mediante sus viajes y fatigas, su defensa de los indígenas, la corrección de abusos y su cercanía con los pobres y sufrientes.
En este contexto, León XIV recuerda que el pastor está llamado a permanecer junto a su pueblo también en las horas difíciles. El ministerio episcopal exige superar la tentación de anteponer la comodidad, el temor o los intereses personales al bien de los fieles.
Antes que pastor, discípulo
La carta recuerda también que el obispo es, antes que nada, discípulo y bautizado.
A partir del gesto del agua bendita, el Papa subraya que quien recibe la misión de santificar a otros continúa necesitando ser santificado. La vida interior del pastor, por tanto, no puede quedar relegada por las urgencias de la misión.
Santo Toribio, señala León XIV, pudo exigir una vida eclesial más fiel al Evangelio porque comenzó por someterse él mismo a esa exigencia. Por ello, invita a los obispos a cuidar su vida espiritual y mantener viva la conciencia de ser discípulos necesitados de conversión.

“Los obispos pasan; Cristo permanece”
Ante el Sagrario, el obispo se arrodilla y adora al Santísimo. Para León XIV, este momento expresa una verdad fundamental: “Los obispos pasan; Cristo permanece”.
El Sucesor de Pedro invita a hacer de la adoración eucarística una prioridad pastoral, ofreciendo a los fieles tiempos y espacios para permanecer ante Jesús.
La presencia del Señor, acogida y adorada con fidelidad, sostiene aquello que las fuerzas humanas no alcanzan y abre caminos que ninguna planificación puede prever, afirma el Papa.
Una Iglesia unida en la diversidad
Santo Toribio ejerció su ministerio en una Iglesia extensa y plural. León XIV recuerda su esfuerzo por mantener la unidad y transmitir íntegramente la fe.
Esta experiencia conserva una especial actualidad para las Iglesias de América Latina y el Caribe, marcadas por una gran diversidad de pueblos, culturas y realidades pastorales. Para el Papa, corresponde a los obispos velar para que esa diversidad encuentre en Cristo su unidad.
En el caso del Perú, esta realidad se expresa en la riqueza y diversidad de sus comunidades, territorios y culturas. El ejemplo de santo Toribio invita a una Iglesia capaz de acercarse a cada realidad sin perder el centro de su misión: anunciar a Cristo y acompañar a su pueblo.

Cercanía con los sacerdotes
León XIV dedica también especial atención a la relación entre los obispos y sus sacerdotes.
Santo Toribio cuidó la formación del clero, fue exigente en la admisión a las órdenes, visitó a sus sacerdotes y sostuvo la disciplina eclesiástica. A partir de este testimonio, el Papa invita a los obispos a cuidar especialmente los seminarios, los primeros años del ministerio y la fraternidad sacerdotal.
“La paternidad episcopal se reconoce muchas veces cuando un sacerdote sabe que puede llamar con confianza a la puerta de la casa episcopal”, escribe el Santo Padre.
La cercanía, en este sentido, forma parte de la responsabilidad pastoral del obispo y expresa una verdadera paternidad hacia quienes comparten con él la misión evangelizadora.
Escuchar antes de hablar
Otro de los acentos de la carta es la importancia de la escucha.
Antes de dirigir su primera palabra a su pueblo, el obispo ha recibido el Evangelio, ha escuchado y ha permanecido en silencio ante el Santísimo. Para León XIV, este orden contiene una enseñanza fundamental para todo ministerio pastoral: antes de anunciar la Buena Nueva, el pastor está llamado a la oración y a la escucha de la Palabra.
El Papa pide que ninguna urgencia pastoral relegue la oración y anima a los obispos a reservar el tiempo necesario para escuchar la Palabra de Dios y preparar con esmero la predicación.
Una vida puesta en las manos de Dios
En la parte final de su carta, León XIV contempla el ofertorio como una imagen de la vida episcopal.
En la patena pueden colocarse el trabajo, los proyectos, las decisiones, las personas confiadas al pastor, sus preocupaciones y sus esperanzas. El fruto último, sin embargo, pertenece a Dios.
La fecundidad del ministerio nace del sacrificio de Cristo y el obispo está llamado a unir progresivamente su propia existencia a esa ofrenda.
Santo Toribio, una inspiración para la Iglesia de hoy
Al recordar a santo Toribio de Mogrovejo, León XIV propone a los pastores de América Latina y el Caribe una figura que permanece estrechamente vinculada a la historia de la evangelización del Perú.
Su cercanía con las comunidades, su preocupación por los pueblos indígenas, su defensa de los más vulnerables, su dedicación a la formación de los sacerdotes y su profunda vida espiritual configuran el testimonio de un pastor que supo unir contemplación y misión.
A tres siglos de su canonización, su ejemplo vuelve a interpelar a los pastores de la Iglesia: permanecer cerca del pueblo, caminar con sus comunidades, escuchar antes de hablar, cuidar la vida interior y poner toda la existencia al servicio de Cristo.
Una invitación que León XIV resume en una imagen que atraviesa toda su carta: tener el corazón en el cielo y los pies en el camino.