Con doce conciertos sinfónicos, la Prelatura de Juli rescata melodías barrocas de más de 300 años, reencontrando a la comunidad con su identidad cultural y mostrando cómo la evangelización también se transmitió a través del arte y la música.
La ciudad de Juli, conocida desde hace siglos como la “Pequeña Roma de América”, vuelve a llenar de música sus templos. Allí resuenan nuevamente los acordes que, hace más de 300 años, acompañaron la evangelización de pueblos andinos y amazónicos. En los últimos años, la Prelatura de Juli ha organizado doce conciertos sinfónicos de música barroca que buscan reencontrar a la población con esa herencia casi olvidada. Estas presentaciones se realizaron en distintos templos y convocaron a escolares, familias y autoridades, todos unidos en torno a misas, vísperas y laudes en latín.
El año pasado, un coro polaco sorprendió interpretando piezas inéditas halladas en Juli; y este año, músicos provenientes de San Javier de Chiquitos (Bolivia) ofrecieron dos conciertos memorables: uno en la Catedral de Juli y otro en el templo de Santa Bárbara de Ilave.

El público llenó ambos recintos. Más que espectadores, los pobladores fueron protagonistas de un reencuentro con su propia historia. Jóvenes y niños escucharon, muchos por primera vez, las mismas melodías que acompañaron la vida de sus antepasados.
Una mirada pastoral y de futuro
“Se quiere seguir trabajando para ir descubriendo la música religiosa o música barroca de hace siglos y que los jóvenes de hoy descubran y conozcan el valor de esta música que escucharon sus antepasados”, señaló Mons. Ciro Quispe, Obispo de la Prelatura.
Niños y adolescentes locales ya se han sumado a este movimiento, aprendiendo y ejecutando las sinfonías barrocas que nacieron en el corazón de las misiones. Su participación confirma que esta tradición no pertenece solo al pasado, sino que puede inspirar el presente y el futuro de la comunidad.

La música como instrumento de misión
Los jesuitas encontraron en la música un lenguaje universal capaz de comunicar el Evangelio más allá de las barreras lingüísticas. Al igual que la arquitectura, la pintura y la catequesis, la música de vientos se convirtió en Juli en un poderoso instrumento de misión. Hoy, gracias a investigaciones recientes y al hallazgo de partituras de más de tres siglos de antigüedad, esa herencia vuelve a cobrar vida.
Juli, punto de partida hacia el continente
De acuerdo con la información brindada por la Prelatura, los investigadores coinciden en que desde esta ciudad, a orillas del Titicaca, partieron los primeros jesuitas hacia el sur del continente. Bolivia, Paraguay, Uruguay y el norte de Argentina recibieron a misioneros que habían vivido en Juli. Entre ellos, el padre Alonso de Barzana, considerado el primer jesuita en llegar a Argentina.
No es casual que en las reducciones de Chiquitania y Mojos todavía se reconozca a Juli como una fuente original de la tradición musical que hoy se mantiene viva en los festivales de música barroca.
