El 9 de agosto de 1991, los jóvenes frailes franciscanos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzałkowski entregaron su vida en Pariacoto, Áncash, por amor a Cristo y a los más pobres. Hoy, a 34 años de aquel día, la Iglesia en el Perú recuerda el testimonio de los mártires de Chimbote, que sigue inspirando vocaciones y encendiendo la esperanza.
Han pasado 34 años desde que la violencia intentó acallar la voz del Evangelio en un pequeño pueblo de la sierra ancashina. La noche del 9 de agosto de 1991, los misioneros polacos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzałkowski —frailes menores conventuales— fueron asesinados por el grupo terrorista Sendero Luminoso tras negarse a abandonar a su comunidad.
Días antes, el Obispo de Chimbote, el recordado Monseñor Luis Bambarén, les transmitió la advertencia de los terroristas: debían irse o su vida correría peligro. Incluso se les ofreció regresar a Polonia o trasladarse a Lima. Pero ellos, movidos por el mismo impulso que los llevó al Perú, decidieron quedarse: evangelizar y servir a los más pobres, compartiendo su vida, curando heridas y sembrando paz en medio del miedo. Esa noche, Sendero Luminoso cumplió su amenaza. Delante de sus fieles, Miguel y Zbigniew fueron ejecutados. Pocos días después, el 25 de agosto, la violencia alcanzó también al padre Sandro Dordi, misionero italiano.

Sobre los misioneros polacos
El Fr. Miguel Tomaszek nació el 23 de septiembre de 1960 en Lekawica, Polonia. Ingresó a la Orden de los Frailes Menores Conventuales y fue ordenado sacerdote en 1987. Mientras que Fr. Zbigniew Strzalkowki nació el 3 de julio de 1958 en Tarnów, Polonia. Ingresó a la misma orden franciscana y fue ordenado sacerdote en 1986.
Los padres franciscanos polacos, Miguel (30) y Zbigniew (32) vinieron al Perú en 1990 en misión hacia los Andes peruanos con la «difícil tarea» de la atención de la pobre parroquia de Pariacoto y de muchos otros pueblos de la zona, que además se encontraban cercados por el terrorismo de Sendero Luminoso en esa época.
El pueblo de Pariacoto recibió con alegría la actividad apostólica de los nuevos sacerdotes de Pariacoto que se dedicaban a la predicación de la palabra de Dios y a socorrer a los más pobres, que vivían en los caseríos dispersos entre los cerros andinos.

Beatificación y legado
La causa de beatificación de los tres mártires comenzó a mediados de la década de 1990 y culminó oficialmente el 3 de febrero de 2015, cuando el Papa Francisco aprobó que se promulgara los decretos en los que se reconocía que los tres fueron asesinados por “odio a la Fe”.
El 5 de diciembre de 2015, en una ceremonia multitudinaria en el estadio centenario Manuel Rivera Sánchez de Chimbote, el Vaticano declaró beatos a los sacerdotes Miguel Tomaszek, Zbigniew Strzałkowski y Sandro Dordi, conocidos desde entonces como los Beatos de Chimbote. Fueron los primeros religiosos en recibir este reconocimiento en el Perú, y su beatificación se convirtió en un día de júbilo para toda la Iglesia, testimonio de que el amor vence al odio y que la fidelidad a Cristo llega hasta el don total de la vida.
A la ceremonia asistieron los embajadores en Perú de Italia, Mauro Marsili; y de Polonia, Izabela Matusz, además de las principales autoridades del clero peruano, como el entonces presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Salvador Piñeiro, Arzobispo de Ayacucho, y recordado Obispo Emérito de Chimbote, Monseñor Luis Bambarén, quien inició la causa de beatificación.
La voz de un testigo
En esta fecha especial, recordamos a los Mártires de Chimbote. Compartimos un texto publicado en agosto de 2016 por el recordado Fray Héctor Herrera OP, sacerdote dominico que dedicó décadas a la evangelización y a la educación a través de los medios de comunicación en Chimbote.
Palabras de Fray Héctor Herrera OP (agosto de 2016)
Hacen 25 años, el 9 de agosto de 1991 dos jóvenes franciscanos Fr. Miguel Tomaszek y Fr. Zbigniew Strzalkowki, decidieron jugarse la vida por su fidelidad al evangelio de Jesús y al pueblo de los pobres. Sabían del peligro que corrían sus vidas por el terrorismo.
Como Jesús, sembraron la semilla del evangelio entre los pobres, como lo hizo su Padre Francisco de Asís, curando las heridas de los leprosos. Era un pueblo pobre y marginado. Allí quedaron sus restos, entre los pobres de Pariacoto; como el maestro Jesús, que entregó su vida.
La fe en Cristo los llevó a amar la cruz con la libertad de los hijos de Francisco. Recuerdo cuando tomaba las entrevistas a los pobres campesinos, refiriéndose a su bondad que nacía de esa contemplación y del amor a Cristo y en el rostro de los más excluidos. A 25 años de su martirio, la sangre de los beatos es semilla de nuevas vocaciones laicales y religiosas.
El 25 de agosto de 1991, otra mártir de la fe, nuestro querido y recordado amigo padre Sandro Dordi, entregó su vida, fiel a su misión de pastor. Pese a que su vida corría peligro, no abandonó a sus ovejas. Los quiso y amó con la ternura de Jesús el Buen Pastor. Acogía a los niños, mujeres, jóvenes, varones. Todos cabían en su corazón. Porque su profundidad de vida espiritual, lo hacía ver en el rostro de los sencillos al mismo Jesús.
Caminó con ellos, preparaba a los catequistas. Se preocupaba por su formación espiritual y humana, acompañado por las hermanas Pastorcitas y las misioneras laicas de la Asociación Peruana de Misioneras. Su trabajo silencioso y callado es el mejor signo de un pastor que vivió el evangelio encarnado en la realidad de su pueblo. Su sangre es semilla de la generosidad de Dios en un joven sacerdote Giovanni Sabogal, a quien acunó en sus brazos de niño, quien como buen pastor, sigue el ejemplo de este beato.
Celebrar los 25 años del martirio de estos tres mártires de la Iglesia en Chimbote, como de muchos mártires anónimos son signo y testimonio de una profunda contemplación y vivencia de un evangelio encarnada, que mira la promoción de toda la persona humana, el compromiso con Cristo y con las realidades temporales del mundo de hoy.
Ellos hicieron suyo las “angustias, esperanzas y tristezas del mundo de hoy, en especial de los menos favorecidos”; porque fueron fieles al mensaje de Jesús: “Nadie tiene amor más grande, sino aquél que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).
Que su sangre derramada como Jesús sirva de signo de esperanza, para que toda la Iglesia en el Perú y en el mundo sea madre de la misericordia, que acoge, acompaña y venda las heridas de los pobres, despertando vocaciones laicas, sacerdotales y religiosas, que siguiendo las huellas de Jesús, dejen huellas de amor, generosidad, solidaridad y entrega para nuestros pueblos.
ORACIÓN POR LA INTERCESIÓN DE LOS MÁRTIRES
BEATO FR. MIGUEL TOMASZEK Y BEATO FR. ZBIGNIEW STRZALKOWSKI
Oh Dios,
que llamaste a los beatos Miguel y Zbigniew,
hermanos menores conventuales,
al seguimiento de Cristo, al estilo de Francisco de Asís,
y les fortaleciste con tu Espíritu
hasta la ofrenda total de sus vidas
por el bien del pueblo que les habías confiado,
otórgame, por su intercesión, crecer en el amor a Ti y en el servicio a los últimos.
Concédeme la gracia que ahora te pido, si es tu voluntad…
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria
ORACIÓN POR LA CANONIZACIÓN
Señor, Tú que ungiste con el don del sacerdocio
a tus hijos Miguel, Zbigniew y Sandro
y los enviaste como mensajeros
de la Buena Nueva en el Perú.
Te damos gracias por haberles otorgado
la palma del martirio
y te pedimos que los glorifiques también
con la corona de los santos.
Por su sangre derramada por Ti,
danos fidelidad en la fe,
haznos testigos de la esperanza,
guarda nuestras vidas
y concede a nuestra patria
el don de la paz.
A las víctimas inocentes de la violencia,
recíbelas en tu Reino
y concédeles el premio eterno.
Amén.
(La oración oficial difundida por la Conferencia Episcopal Peruana)







