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  • Comentario de la Semana [02 de noviembre- 06 de noviembre]

En medio de la incertidumbre sanitaria y política en que viven gran parte de los pueblos del mundo, Dios nos invita a buscar la sabiduría, que vale más que las perlas preciosas. Son sabios aquellos “que, temiendo a Dios, viven de acuerdo a lo que Él espera de ellos y según lo que una sociedad temerosa de Dios espera, se ven como personas í­ntegras. Son “sabios” porque su estilo de vida proyecta el temor de Dios y la bendición de El reposa sobre ellos”[1]. 
 
El hombre sabio es humilde. Decía el obispo Afraates “el sabio”: “Dios se acerca al hombre que ama, y es justo amar la humildad y permanecer en la condición de humildad. Los humildes son sencillos, pacientes, amados, íntegros, rectos, expertos en el bien, prudentes, serenos, sabios, tranquilos, pacíficos, misericordiosos, dispuestos a convertirse, benévolos, profundos, ponderados, agradables y deseables” (Exposición 9, 14)[2].
 
Lo opuesto al sabio es el necio. El hombre insensato es inmaduro, incapaz de resistir a la tentación y fácilmente seducido por el mal. No reconoce que sus malas decisiones tienen consecuencias negativas. Es obstinado en su propia opinión, insolente y desvergonzado. El necio es cínico, no tiene sentido del pecado y se aleja de Dios[3].
 
La sabiduría es un don de Dios y hay que pedírselo a Dios. Enseña el Papa Francisco: “tenemos que pedirle al Señor que nos dé el Espíritu Santo y que nos dé el don de la sabiduría, de aquella sabiduría de Dios que nos enseña a mirar con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios, a hablar con las palabras de Dios”[4].

P. Guillermo Inca
Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal Peruana

[1] Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología
[2] Cf. Papa Benedicto XVI, Audiencia general, miércoles 21 noviembre 2007
[3] Cf. Los antiguos rabinos
[4] Papa Francisco, 9 de abril del 2014

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